viernes, 12 de febrero de 2010

El regreso del Lord de la Guerra

El Presidente Miller se quedó pensativo. Se encontraba en una amplia sala y más de 12 personas lo miraban fijamente, esperando su decisión final, que de hecho no podía ser otra. Realmente esperaban más bien su afirmación. Giró su cabeza y miró a través de la amplia pared de cristal el océano a lo lejos. La luz del atardecer entraba por los amplios cristales laterales…Pensó en cómo se vería ese atardecer desde su casa en la playa, en las costas del Caribe. Se acordó de cuando era niño y se iba a nadar al mar en las tardes… Ah, cuando era niño… preferiría que el tiempo no pasara y quedarse para siempre en aquella época lejana. Ser adulto siempre fue para él demasiado complicado. Se pasó la mano por la nariz, como siempre hacía cuando tenía que hacer una difícil elección y suspiró. Y ahora todo aquello podía desaparecer, pensó. Se debía actuar pronto.
-Hum, todo suena increíblemente fantasioso. Cuando me pongo a pensar en lo que intentamos hacer… ¿Realmente creen que funcione?
El General de la Flota Espacial Tiang Sten se puso de pie.
-Debemos intentarlo. A mi criterio cuando alguien es bueno, es bueno siempre. Las mentes prodigiosas lo son en cualquier momento y época. Y ahora necesitamos una. Si no es él, nadie más será.
Otra voz, esta vez del Canciller James Green replicó:
-Yo sigo planteando que él no es el único, mejor sería probar con…
El presidente lo interrumpió:
- ¡Canciller Green! No podemos con dos… Mi decisión es que tiene que ser Él. Es todo, hagámoslo. No queda otra. Y confiemos en que lo logrará…
Y así, luego de estar más de tres siglos muerta, comenzó nuevamente la leyenda…
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El Señor de la Guerra entreabrió los ojos, mientras más de doce personas lo miraban. Era un momento realmente histórico. No había periodistas pues debía hacerse en secreto pero de algún modo ellos lo estaban filmando todo. La historia, luego que funcionase claro, podía ser excelentemente vendida. Los hijos de sus hijos y los de estos, debían conocer cómo fue que se originó este nuevo futuro que tenían por delante. Claro, supuestamente debían desconectar su circuito interno cerebral, pero la ansiedad del momento era tal que aunque las medidas de seguridad lo exigían, era demasiada la personalidad del Señor de la Guerra como para no grabar cada detalle de su despertar de siglos.
Observando con mucho cuidado toda la habitación y sumamente extrañado, el Señor de la Guerra se sentó en la cama. Luego miró hacia el opaco cristal desde donde lo estudiaban, sin que él lo supiera, las doce personas más importantes del planeta Tierra y los cuatro médicos. Subió la vista al techo y por la expresión de su cara podía cualquiera percatarse que aunque se veía algo consternado, nada había que asustara a aquel hombre.
Entonces el Presidente Miller, en la otra habitación, le preguntó a los médicos:
-¿Ya puedo? Nos urge comenzar el asunto, señores.
Estos afirmaron lentamente con sus cabezas, aún impactados con lo que veían. Según parecía, el único que se mantenía cuerdo era el Presidente.
-Ok, entraré y comencemos, o terminemos, esto de una vez.
El presidente Miller era un hombre que aparentaba unos 40 años, de paso firme y mirada decidida. Siempre había sido así y ni este ni otro momento similar iban a cambiar su personalidad. Con decisión dirigió su cuerpo de 1.78 de estatura hacia la habitación donde se hallaba el Señor de la Guerra. El encuentro del hombre más poderoso de tres sistemas estelares con el otrora hombre más poderoso del planeta…
Entró en la habitación e inmediatamente captó la atención del sujeto dentro de ella.
-Hola. Mi nombre es Miller. Presidente Miller. ¿Cómo se encuentra usted?
-¿Miller?
Una mirada penetrante envolvió al presidente, percibiendo éste toda su potencia. Lo recorrió de arriba abajo, volviendo a subir nuevamente al rostro de Miller.
-¿Qué es esto, dónde me encuentro y... y quién diablos es usted….Miller?
Miller suspiró y pensó: “Caramba, aún así sigue siendo un líder, no pregunta, ordena.”
-Seré rápido, señor… usted siempre ha sido alguien inteligente y creo que la situación no lo asombrará mucho. Al menos confío… y confiamos… en eso. De hecho más que confiar necesitamos creerlo. Inicialmente me urge que recuerde bien quién es usted. ¿Ya lo sabe?
El Señor de la Guerra lo miró suavemente, con cierto sarcasmo y luego le espetó:
-Yo sé perfectamente quién soy. El problema está en quién es usted. También usted sabe quién soy, solo soy yo el que no sé quién es usted. Y tampoco dónde estoy. Podría suponer que son ingleses, podría ser, pero hay algo raro en todo esto que... no acabo de comprender. Algo me dice que no son lo que de algún modo puedo imaginarme que sean. Dicho en otras palabras, solo usted puede aclararme quién es y donde estoy. Por ello no perderé tiempo en pensar, pues cualquier cosa que piense no encajará en la verdad por falta de datos de mi parte. Así volvemos al inicio. ¿Quién es usted y dónde estoy?
El Presidente tomó una silla y se sentó frente a él.
-Ok, vayamos directo al asunto. Usted es de la época de 1800 y ahora estamos en el 2180, exactamente unos 380 años después de su muerte. Pues usted murió hace más de 300 años.
Miller se detuvo un instante para ver el efecto de sus palabras en el Señor de la Guerra. Al otro lado del cristal decenas de ojos se acercaron más a ver qué pasaba a partir de ese momento. Pero aparte de girar levemente la cabeza y mirarlo de medio lado con actitud retadora y desconfiada, nada más percibió en la cara de su interlocutor. Decidió continuar.
-Tenemos colonias en planetas del Sistema Solar y en otros sistemas estelares más cercanos. Esta es la primera parte y quisiera que la asimile no como un chiste sino como algo real, pues usted ahora está vivo. ¿Por qué está vivo? Simple, la tecnología moderna lo permite y a través de restos que poseíamos de sus cabellos, con nuestros laboratorios genéticos, lo hemos revivido. No está en el Cielo ni en el Infierno, aunque sé que usted jamás creyó en esas cosas. Está de nuevo en la Tierra y… deseamos algo de usted. Ahora es su turno, pregunte.
Mirándolo nuevamente desconfiado, se metió una mano en el bolsillo de su ropa de hospital y de un pequeño salto el recién despertado paciente se levantó de la cama. Inmediatamente todos los que se encontraban detrás del cristal se echaron hacia atrás. El Presidente, inconscientemente también, casi se levantó de su silla e igualmente se echó algo hacia atrás.
El Señor de la Guerra se acercó a Miller pegando casi su cara a la de él. Años más tarde reconocería el afamado Presidente que fue el único momento en su vida que se sintió realmente asustado. Una persona muerta hacía siglos lo iba a tocar y no una cualquiera, sino precisamente esa.
Lentamente con la calma de un anciano, pero la firmeza de un joven, le dijo:
-Así que estoy vivo, pero realmente morí. Recuerdo eso, lo recuerdo. Estaba viejo, cansado de estar prisionero, es cierto. Y ahora estoy aquí. Puede ser, señor… Miller. Pero ¿cómo me explica usted que yo estoy aquí? O sea, ¿por qué me han revivido, supuestamente?
-El asunto es que necesitamos su ayuda. Hace apenas unos veinte años hemos descubierto que no somos los únicos en la galaxia. Y aún más que eso, que las especies inteligentes en ella compiten, como hemos competido entre nosotros mismos en la Tierra, por un lugar poderoso y fuerte en ella. En síntesis, hemos llegado un poco tarde al pastel galáctico y los Rums, una especie de seres vivos, inteligentes igual o más que nosotros, desean eliminarnos. Poseen muy posiblemente una tecnología más poderosa que nosotros y no es descabellado pensar que lo logren. Dentro de solo dos semanas estarán aquí, si antes no logramos detenerlos. Usarán un túnel en el espacio tiempo. Sabemos dónde se encuentra el punto de salida pero no contamos con naves suficientes para detenerlos.
A medida que hablaba Miller el personaje se movía por la habitación escudriñándolo todo. Era mucho más bajo en estatura que el Presidente pero parecía totalmente dueño de la situación.
-Usted es experto en la Guerra. Hemos analizado todas las figuras históricas de toda la Historia terrestre y solo usted puede ayudarnos. Queremos y necesitamos que nos de ideas y nos oriente cómo, si es posible, podemos vencerlos. Usted es el maestro de los maestros y esto no es un halago, es un hecho, señor…
La figura giró de medio lado y lentamente, sin mirar a parte alguna, como si hablara con él mismo empezó a decir:
-Es cierto que soy bueno. Partamos de ahí. Eso es cierto. Sigamos. Y también es cierto que morí. Esto de nuevo tiene sentido pues lo recuerdo. Y también es cierto que estoy vivo.
Entonces regresó con su vista a Miller y terminó:
-Así debe ser cierto que usted es Miller y todo lo que cuenta.
Miller lo observó y pensó que algo importante pasaría, ahora que todo estaba dicho.
El coloso de otro tiempo pasado miró entonces a Miller y exclamó:
-Quiero agua.
Napoleón Bonaparte había pedido agua. Inmediatamente fueron a buscarla…
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- Hum, así que tenemos el siguiente caso. Los Rums, mayores en número de naves y poderío bélico, quieren atacarnos. Eso lo harán por la posición Z. Si logran pasar, seremos destruidos. Tenemos dos grupos de naves, A y B para nosotros y A, B y C para ellos. Nuestras naves de tipo A son casi iguales en poderío bélico que las de ellos de tipo A y por suerte las tenemos en mayor cantidad. Pero las de tipo B, de defensa, son nuestra debilidad. También tienen menos potencia de fuego que las de ellos de tipo B, pero además en este caso casi nos duplican en número. No tenemos naves de tipo C, que son las de ellos de desembarco. ¿Es así?
- Exactamente, señor.
Se encontraban en la misma habitación que días antes decidieran revivir a la misma persona que ahora ocupaba el puesto de Miller en la cabecera de la imponente mesa. E igualmente que aquella vez, era un hermoso atardecer, pero nadie lo contemplaba. Todos miraban a Napoleón. Su personalidad llenaba la sala.
- ¿Y cómo se han enterado que entrarán por ese lugar?
-Tenemos espías señor. Gente, si se puede decir así, dentro de los Rums que nos han avisado y además, también terrestres en su planeta con funciones de espionaje. Anteriormente teníamos ciertas relaciones comerciales. Nuestro embajador aún se encuentra en su planeta principal.
- Hay una regla básica en toda guerra. Si ustedes tienen espías en ellos, ellos de igual modo lo tienen en ustedes. Por lo mismo, ya ellos saben que serán esperados en ese lugar, de igual modo que ustedes saben que ellos entrarán por ahí. Así, necesitamos que ellos realmente hagan la entrada por esa zona. Pero a la vez puede que cambien pues son esperados.
El Canciller Green saltó de pronto:
- ¡Ellos no tienen espías entre nosotros, es una tontería decir eso!
Napoleón lo miró algo asombrado, aunque desde antes había percatado cierta sonrisa burlona en aquel individuo hacia su persona. Iba a replicarle algo pero alguien se le adelantó.
El presidente Miller se levantó, y visiblemente molesto le replicó:
- ¡Canciller Green! Todos sabemos su animadversión a Bonaparte y su idolatría a Wellington, pero en este caso por mi decisión se trajo a Bonaparte, así le ruego abandone la sala inmediatamente. Usted no lo está ofendiendo a él, me está ofendiendo a mí y poniendo a toda nuestra especie en peligro con tonterías históricas.
El Canciller Green, mascullando, se puso de pie y abandonó la sala.
Mientras se iba Napoleón lo contempló con una ligera sonrisa. Luego continuó.
- Como decía, entre nosotros hay espías. Recomiendo no comentar más sobre lo que haremos. Para ello se hará a mi manera. En primer lugar, somos demasiados aquí. Ya tengo el plan completo, es totalmente eficaz, solo que a nadie se lo diré pues no confío en ninguno de ustedes, ya que no los conozco... Resulta llamativo ese ataque por parte de esos… no se qué. Parece como si estuvieran totalmente seguros que ganarán. Lo cual solo puede ser justificado por alguien o algunos que le están brindando apoyo. Deberían haber revivido a varios de mis generales. Bueno, de hecho algunos de ellos igualmente me traicionaron…
Dicho esto bajó brevemente la mirada a la superficie de la mesa, como recordando malos momentos, pero rápidamente se repuso.
- Lo primero que haremos será disminuir la cantidad de personas aquí. Quiero solo a cinco en total, los imprescindibles, Presidente Miller. Los demás deben ir a la cárcel o a como se llame en este momento. O sea, los quiero incomunicados hasta que con tiempo los pueda investigar o pase todo el asunto. Esto es imprescindible y si me buscaron quiero que hagan exactamente todo lo que les digo. Si son patriotas o como se llame esa característica humana, ahora deben entender y estar dispuestos a sacrificarse.
Miller miró a sus amigos y entre ellos se miraron. Luego se volvió a Napoleón.
-Señor, creo que es obvio que todos somos terrícolas, y si ellos nos invaden todos moriríamos, por lo mismo nadie de los aquí sentados o dentro del planeta Tierra quiere que seamos conquistados.
-Señor Miller, esto es una guerra. En toda guerra siempre hay personas del bando contrario que nos apoyarán y de nuestro bando que apoyan a los invasores. Personas descontentas, ingenuas o por deseos ocultos e ignotos. Si usted no hace lo que le digo simplemente me pueden devolver a mi lugar de descanso, yo no les pedí que me revivieran. Me da igual que el planeta estalle y mis “restos” reposen en el espacio o que sigan en la Tierra. También me da igual que me crean o no en cuanto a la posibilidad que entre nosotros existan espías y deseen darle información al enemigo. Esto es un principio de la guerra y siempre se cumple, nos guste o no. Quedémonos con cinco solamente, los más capaces y ellos también estarán incomunicados con el mundo exterior de manera individual. Solo bajo la supervisión de los cinco al mismo tiempo se enviará información sobre lo que haremos. Así cada uno vigilará al otro. La desconfianza es una cosa y la seguridad otra. No voy a venir del pasado al futuro para que por una tontería salga mal una de mis operaciones. Y para ser más exacto deseo que los que serán encerrados estén cerca de aquí, donde yo personalmente pueda verlos. Para empezar, por supuesto, meta preso al Canciller Green.
El presidente Miller jamás pensó que al traer a Napoleón lo primero que haría este sería encerrar, como en los antiguos tiempos de la época napoléonica, a sus compañeros de más de veinte años de trabajo. Pero luego de pensarlo un poco, no le quedó otra.
-Adelante, así se hará. Espero me perdonen de algún modo en el futuro.
Y siete personas fueron encerradas ese mismo día. Dentro de ellas estaba el Canciller Green. Luego de casi cien años de no encerrar a nadie en el planeta Tierra, a solo escasas horas de la llegada del pasado de Napoleón Bonaparte, más de la mitad de las personas más influyentes del planeta permanecían en prisión. Miller se preguntó que seguiría y si realmente había hecho bien en traer a Napoleón de regreso.
Dos horas más tarde de nuevo sentados a la mesa Napoleón explicó.
-Haremos lo siguiente. Les guste a ustedes o no, lo crean o no, ellos ya saben que los esperaremos en ese lugar, de igual modo que nosotros sabemos que ellos lo harán. El problema es que pueden cambiar de punto de entrada.
Miller le dijo, con cierta duda:
-Es que creemos que no pueden cambiar de punto de entrada pues es la única entrada al hiperespacio cerca. No tienen otra.
-¡Santo Dios! ¡Y así quieren ganar una guerra! No creo que pensara, si alguna vez pensé en eso, que en el futuro los generales serían tan ingenuos. Me comentan ustedes que ellos, los Runts, posiblemente tienen más tecnología que ustedes, o sea que nosotros ¿y aún así me aseguran que solo existe esa zona de entrada? Hay más o puede haber y no necesito ser investigador para afirmarlo. Necesitamos que tomen esa pues esa es la que conocemos. Así, hay que lograr que lo hagan por ahí. Es todo. Como he dicho antes, ellos ya saben que los esperaremos y tienen espías entre nosotros que se lo han informado. Por otro lado tenemos que destruirlos en ese lugar. ¿Hasta ahí todo claro? Para destruirlos necesitamos que sean menos poderosos que nosotros pero no es el caso, por ello es obvio que tenemos que lograr que no lleven todo su poderío bélico a la zona. Eso solo lo conseguiremos si los convencemos que no es necesario. Y para eso necesitamos a sus espías nuevamente. A través de ellos les comunicaremos que llevaremos solo nuestra flota A, o sea, esa que me han dicho que son muchas naves, pero menos poderosas que las de ellos. La flota B la dejaremos aquí. Por otro lado necesitamos que la información del traslado de la flota A hacia la zona de combate no sea difundida de manera fácil pues entonces los espías, que no son tontos, pueden sospechar.
Napoleón miró la cara de ignorancia de su escaso público y suspiró, pasándose la mano por la cara. Luego los miró uno a uno y continuó:
- Escuchen, sé que la mayoría no entiende nada pero continuaré hasta el final. Al llevar la flota A hacia la zona de combate ellos elegirán precisamente esa zona para el ataque pues supondrán una victoria fácil. Luego de eliminarnos la flota A, entrando en nuestro sitio galáctico, cubrirán el hueco para que nosotros no pasemos hacia su lado y traerán más refuerzos para atacar a la flota B. Eso es lo que ellos harán. ¿Dudas hasta ahí?
Al lado del General Tiang Sten estaba el Comandante Guryev
- Sin ánimo de molestar, pero ¿por qué está tan seguro que si enviamos la flota A a esa zona no elegirán, si existe, otro hueco espacio tiempo, en el cual no hay flota alguna, para entrar a nuestro sitio galáctico?
- Estimado señor. Permítame preguntarle, ¿Cuántas flotas de naves poseen los Runts?
- Tienen tres tipos de naves, cada una de ellas en tres tipos de flotas. Una ligeramente superior a las de nuestro tipo A, otras mejores que las de nuestro tipo B y las terceras que son las de desembarco. Esto lo hemos comprobado por los informes de nuestros espías. Primero generalmente la A y la B atacan, limpian el camino y luego vienen las de desembarco, protegidas por la A y la B.
El pensar que finalmente llegarían las de desembarco y dentro de ellas los invasores Runts les puso la carne de gallina a casi todos.
- Entonces eso responde a su pregunta. No entrarán por otro lado pues es mejor eliminar a nuestra débil flota A solita que enfrentar a ambas, a la A y la B juntas, cosa que ocurriría si entran por otro lugar. Si nuestro plan falla ¿qué haríamos? Obviamente no nos queda otra que presentar batalla con ambas flotas, la A y la B contra la A y la B de ellos. Los Runts probablemente ganarían pero tendrían más bajas. Es por ello que a nuestros queridos amigos extraterrestres les convendría mejor eliminar a la tropa A solita. ¿Me hago entender?
Nadie habló. Napoleón continuó:
- Así, tenemos que la flota A nuestra los esperará en el hueco. Ellos sabrán esto y enviarán, para no perder tiempo, a su flota B, la más poderosa y numerosa, para que rápidamente acabe con la flota A. Esta decisión aniquilará a nuestra primera flota. Antes de que me pregunten, no enviarán la flota A pues al finalizar la batalla alguien tiene que cuidar el agujero que no pasemos para su lado cósmico y eso solo lo puede asegurar la flota A, un poco menor en número pero suficiente para cuidar la pequeña entrada. Por otra parte, no pueden enviar a las dos juntas pues sería demasiado para la entrada, ni pueden enviar a la A por otro lado pues se demoraría demasiado en unirse luego a la B. Así tenemos a la flota B cuidando victoriosamente la entrada y nuestra flota A aniquilada. Luego ellos se abrirían paso dejando entrar a la A y entre las dos nos harán añicos a la flota B. Seguidamente vendrán los de desembarco y nos aniquilarán a todos.
- Usted disculpe, estimado señor Napoleón pero no lo hemos traído para que trace el plan de ataque de los Runst sino el de nosotros. Tal parece que desea que seamos aniquilados. Ese plan de ataque de ellos es perfecto para nuestra total aniquilación. Ahora ¿cuál es el nuestro?
- Primero es encontrar su plan perfecto. Ahora viene nuestra parte. Ellos no son tan tontos y de igual manera se preguntarán por qué hemos enviado a nuestra flota A al lugar del encuentro en vez de a la B o a las dos juntas. Necesitamos un pretexto fuerte que nos permita hacer eso. Para ello es necesario intentar que alguien se subleve contra nosotros, de los de nuestro bando. Debe ser una amenaza fuerte de manera tal que parezca no nos quedó otro remedio que aguantar el ataque de ellos con la flota A y la B más adelante se incorporará, mientras la usamos para resolver nuestros problemas internos.
De nuevo contempló la cara incrédula de los que le escuchaban y resignado continuó:
- En conclusión, necesito que busquen a los inconformes dentro del sistema, que siempre los hay, los alienten de algún modo a que se subleven de una manera fuerte, pero teniendo todo el tiempo controlado a su líder. Este, viendo que las cosas se le han complicado al gobierno actual, se aprovechará de la situación, aún cuando sea un ataque extraterrestre y tratará de sacarlos del juego. Los Runts, conociendo a los terrestres y su psicología, saben que primero nos descuartizamos entre nosotros antes de hacerle caso a una invasión extraterrestre y debido al odio entre nosotros mismos, es evidente que enviemos la flota B a resolver ese problema, mientras la A se ocupa de los extraterrestres. Esto también es obvio aún para un extraterrestre. Entonces nosotros, como desde el principio tenemos controlado al líder de la revuelta interna sin que este lo sepa, lo eliminamos de un tiro o como lo hagan en este momento.
El comandante Guryev inmediatamente se levantó y airado exclamó:
- ¡Pero eso es un asesinato, pues desde ahora sabemos que ese tipo va a morir y lo incitaremos a que se subleve para matarlo después…!
Napoleón lo miró compasivamente…
- Así es… ¿y? Es una guerra señor, ¿o aún no lo sabía? Para ganarla debe matar también a algunos de su propio bando. Esto ha ocurrido desde que el hombre es hombre, por favor. Considere que ese tipo se ha sacrificado o lo va a hacer, de manera inconsciente, por el bien de la humanidad restante.
Tomando un poco de agua Napoleón continuó:
- La flota B en ningún momento será movilizada a la rebelión, sino que estará cercana a la flota A. Cuando la batalla comience, la flota A entrará en acción debilitando a la flota B de ellos. Justo cuando ellos vean que están ganado, tendrán que eliminar la conexión con el otro lado, pues es demasiado el gasto de energía, según me han dicho ustedes mismos. Se desconectarán pues pensarán que la batalla ya está ganada y necesitarán esa energía para llamar a su flota A para que pase a este lado. En ese instante atacaremos con la flota B y lo que queda de la A. Esa batalla debemos ganarla. Para ello es importante que cuando ocurra la desconexión lo que exista de la flota A, que de hecho tiene de algún modo que sobrevivir, intente de cualquier modo penetrar el agujero. Esto hará que los comandantes de la flota B enemiga, que fueron orientados desde el otro lado, por supuesto, que ninguna nave terrícola puede pasar por el agujero, se volcarán presurosos a cumplir su cometido, temerosos que por su incompetencia algunos locos terrícolas lleguen al otro lado y ellos pierdan su puesto de Comandantes al regresar. Nos darán la espalda, de frente al agujero persiguiendo a nuestras naves y seguidamente nuestra flota B atacará por la espalda a la de ellos. Inmediatamente la flota A o lo que queda, virará en redondo y quedarán ellos entre dos fuegos, donde por muy poderosa que sea su flota, confío que ustedes puedan destruirla. Es todo señores.
Las cinco personas en la mesa se miraron.
El presidente Miller se pasó la mano por la nariz, síntoma que estaba preocupado.
- Resulta interesante, señor Napoleón. Su plan es en extremo complicado, con una solución ingeniosa pero a pesar de ello no tengo dudas que funcionará, aun cuando no funcione.
- Funcionará, por una razón simple. No puede ser de otro modo. Eso no tengo ni que verlo. Ahora regrésenme de donde vine aunque sea a la nada de donde me trajeron. Aquí no conozco a nadie. Reconozco que me ha agradado esto de la planificación de la batalla, pero de cualquier modo es demasiado simple. Lo mejor es que han reconocido mi talento, no porque sea autosuficiente, sino porque realmente, aún cuando se molesten, fui el mejor.
- Una última pregunta. Luego que la flota B sea aniquilada, ¿pasará la A también?
- Según me parece, en el último momento deben todos ellos entender que es una trampa, aunque algunos de sus generales menores lo entenderán así desde un inicio. Pero como siempre sucede, los ineptos son más y no le harán caso, tomando a los tipos razonables por cobardes. Son siempre más los estúpidos que los inteligentes. Esto se cumple en todas partes, sean extraterrestres o no. Es una característica típica de la inteligencia. Mandarán a la B, esta será aniquilada y cuando la A comience a entrar y ustedes los eliminen como moscas, dejará de hacerlo toda ella, haciéndoles caso ellos al final a los pocos de sus generales que siempre desconfiaron Pero quedará tan poco de su flota que no se atreverán a entrar por un tiempo. Ustedes tampoco podrán pasar pues no creo que luego de las bajas que sufran podrán enfrentarse a su flota A abiertamente y en su terreno. Ahí deberán aprovechar y reforzar sus flotas nuevamente, buscar otro agujero y meterse por él pues ellos tendrán ese suficientemente protegido. Así, al final será un empate.
Napoleón se levantó de la mesa y preguntó:
- ¿A donde tengo que dirigirme para que me desconecten o hagan lo que tengan que hacer?
El Presidente Miller se levantó:
- Por aquí, señor. Nos gustaría que se quede hasta el final por si algo falla…
- Las batallas, señor Presidente, tienen una única solución posible, en dependencia de los datos iniciales. Lo anterior es la única solución posible en este caso. El genio de un general está en encontrarla. Si algo falla es porque no han hecho exactamente lo que les he dicho y si no lo hacen es inútil que yo esté aquí pues no podré ayudarlos. Si lo hacen tampoco tengo que quedarme pues entonces ganarán.
Entraron a la misma sala donde antes lo habían revivido y Napoleón se acostó. Justo antes de cerrar los ojos se dirigió a Miller:
- Un favor, dígale a ese tipo, a Green, que Wellington era bueno, pero no mejor que yo. Media hora más y lo hubiera eliminado.
Y cerró los ojos nuevamente, como lo hizo casi tres siglos atrás.

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