jueves, 6 de enero de 2011

Los seres no naturales

Año 2210. Sistema Solar. Cercanías de Júpiter

La voz del hombre se sintió nerviosa:

- ¿Crees que se escape?

- No entiendo a dónde va. Cuanto más se aleje del centro del sistema, peor para ellos. Al frente solo tienen a Júpiter. O regresan o mueren.

- Ponte en su lugar, ¿a dónde irías? No creo que alguien que escape de una cárcel marciana tenga la descabellada idea de perderse en el espacio profundo.

- ¿Qué plan tendrá?

- No sé. Esta es una nave de guerra, la de ellos solo de exploración. Si regresan serán encarcelados, si se alejan mueren. Pero te aseguro que ninguna de las dos opciones tiene en mente Backar.

Los dos hombres observaban la mancha de la nave fugitiva a través de la pantalla semitransparente de la Sala Central de Mandos. A su lado cinco oficiales con uniforme del Centro de Reclusos Marcianos tenían también clavados sus ojos en la pantalla, prácticamente lo único que hacían en una cacería que ya duraba casi quince días. El radar les mostraba solo un punto pero todos sabían que dentro de él no estaba solamente el primer humano en escapar de las extremadamente seguras cárceles espaciales, sino además el futuro de cada uno de ellos. Si regresaban sin haberlo capturado, no verían más el espacio.

- ¿Crees que no ha elegido suicidarse? Después de todo lo que ha perdido en la vida, perfectamente desearía hacerlo… creo yo – Explicó Jiu Jin, mientras se pasaba la mano por la cara. Por un breve instante recordó la pomposa ceremonia que recibió cinco años atrás para tomar el mando en la cárcel marciana Goliat. Ese día el mismísimo señor Kiger, Presidente de las estaciones y colonias extraterrestres, le ungió como Comandante de Seguridad en todo el Polo Norte de Marte. Esto incluía las dos estaciones de investigación y la famosa cárcel. El recuerdo le hizo sonreír ligeramente. Todo era político. Si no traían de regreso al maldito loco fugitivo, aquellos que con sonrisas lo hicieron subir lo tirarían abajo sin misericordia nada más alguna nube bien oscura apareciera perjudicándoles. Y este caso era una de ellas.

Oleg lo miró con ironía. No le caía nada bien un individuo de tan alto cargo que a su juicio no merecía. Estaba claro que al ser Jiu Jing el yerno del señor Kiger, este le había regalado la presidencia de Goliat. De paso el Presidente cerraba relaciones con el hijo del multimillonario Lang Jing, dueño de varios hoteles espaciales, incluyendo tres en el mismo Marte. Todos los poderosos se unían y ayudaban entre sí. Sin embargo él había obtenido de la vida las cosas por su propio esfuerzo. Se había graduado específicamente en crímenes del espacio desde hacía más de veinte años en el famoso centro de investigación Tales. Los estudios habían sido extremadamente difíciles. Tuvo que aprender casi todo, desde física y astronomía hasta exobiología y psicología de la inteligencia artificial. Pero sabía que cuanto más complicado, menos personas lo harían, siendo por lo mismo bien escasos los especialistas y muy solicitados. Al final quedaron solo tres, con conocimientos tan profundos y amplios que eran casi insustituibles. A partir de ahí su futuro fue constantemente ascendiendo, lenta, pero inexorablemente. No importaba qué ideas novedosas tuviera un fugitivo ni dónde se escondiera, Oleg lo hallaba. Su caso más famoso fue descubrir a través de pura deducción el cadáver de un minero asesinado dentro del cráter Hipatia, demostrando de manera impecable que los métodos detectivescos antiguos aún merecían su lugar en un mundo casi regido totalmente por el cerebro cibernético. Esta vez lo habían enviado desde la Tierra para juzgar a Backar, llegando a la Estación Espacial Principal de Marte justo cuando ya escapaba. No tuvo tiempo de bajar al planeta. El gobierno terrestre solicitó muy delicadamente que fuera incluido en la captura y aunque en el presente viaje no tenía ningún cargo oficial todos le respetaban. Unos, debido a su bien merecida fama, y otros porque sentían detrás de su espalda el poder omnipresente de la Tierra.

- Te diré algo, Jiu Jin. No importa que los humanos vivan en el espacio, en la Tierra, Marte o en una aldea. Los sentimientos no cambian a lo largo de los siglos ni por medio de la tecnología. Si hay algo por qué vivir, lo hará. Y este tiene una buena motivación: doce millones. No se quitará la vida, a menos que se la arranquemos. Y no lo haremos, solo deseamos devolverlo a donde estaba y que las leyes se hagan cargo de él.

Jiu Jing miró de nuevo la pantalla:

- Pero se dirige directo a Júpiter… Espero que tenga un plan interesante. Tal como va se meterá directo en el gigante.

- Lo tiene, solo hace falta encontrarlo. ¿Dónde se encuentran Europa, Io, Ganímides y Calisto? No las veo.

- Están todas ahora al otro lado. – dijo el capitán de la nave Guiev. – El viaje había sido orientado, planificado y costeado casi completo por la Compañía de Búsqueda y Captura Espacial, la famosa CBCE, de la cual él era uno de los principales capitanes. La Compañía se especializaba en restos perdidos, expediciones con problemas, fugitivos o estaciones espaciales necesitadas de ayuda urgente. Pagaban bien por esto y era un excelente negocio. La Tierra contrataba a terceros cuando los viajes eran más allá de Marte y esto a su vez estimulaba la iniciativa personal en las exploraciones lejanas, quitándose el Gobierno de arriba un lastre demasiado pesado.

Detrás de todos ellos, sentada en una silla ajustable, típica de los viajes espaciales, se hallaba Hull. Era una muchacha de solo veintiséis años y estaba en la nave por pura casualidad. A último momento, unos minutos antes del despegue, faltó el piloto de información y únicamente tuvieron, debido a la premura, aceptarla a ella. No pertenecía directamente a la CBCE. El puesto era necesario para que supervisara las causas posibles de cambios sobre la ruta inicial del viaje y autorizara o informara a tiempo. El Cerebro Central Biocibernético corregía constantemente la trayectoria, afectada por meteoros o gravitaciones no previstas, pero siempre era necesario revisar monótonamente qué sucedía y por qué. Su cargo, meramente informativo podría parecer insulso, pero detrás de aquella juventud poco común para una persona dentro en una nave del espacio exterior, había una mente que gustaba del estudio y excelentemente informada de casi todas las cosas importantes en un viaje espacial.

Observaba la escena con cuidado y expectación. No solo analizaba la captura espacial, sino además cada uno de los personajes dentro de la sala. Entendió inmediatamente que Oleg creía ser superior a Jiu Jing por su inteligencia y que a su vez, este lo menospreciaba por no tener suficiente poder. El capitán a su vez subestimaba a ambos pues estaba claro que ninguno de ellos comprendería los secretos del espacio exterior y eran personas de escritorio, no de aventuras y acción como él.

Mientras los observaba algún ignoto mecanismo dentro de su cerebro la hizo reaccionar, detallando aún más la escena que veía. Algo no estaba bien. En las pantallas se mostraba claramente cómo la nave fugitiva se introducía de lleno dentro del campo magnético de Júpiter. Esto aún podría salvarla pues estaba protegida con una jaula electromagnética pero al parecer, su dirección era directa hacia la atmósfera del gigante. Todo viajero espacial conocía del punto sin retorno en un campo gravitatorio. Backar no era posiblemente experto pero tampoco un ignorante. Ocho años atrás comenzó a colocar productoras de energía eléctrica a través de las tormentas marcianas en las paredes de los edificios del planeta. La idea de conjugar la solidez de los muros protectores con la posibilidad generadora de energía no era nueva pero él encontró la solución. Las poderosas tormentas de polvo marcianas pronto le dieron excelentes ganancias y se convirtió en la persona más famosa de Marte debido a su éxito tan repentino. El sueño marciano creció en gran medida por personas con inventiva como él. Pero de héroe dos meses atrás pasó a villano cuando se descubrió que solo quince días después de su divorcio su ex esposa había muerto misteriosamente en uno de sus lujosos apartamentos, detrás de un pequeño lago. Las investigaciones hallaron evidencias que la idea original de las paredes eléctricas le pertenecía a ella y no a Backar, dando origen a un excelente motivo para asesinarla. Todo esto implicaba que aquel hombre no moriría dentro de Júpiter y algo tramaba, ¿pero qué podría ser?

De pronto el cerebro central informó que Backar acababa de atravesar el punto sin retorno de Júpiter. Ni los cohetes de la nave ni su motor iónico podrían sacarlo de las garras gravitatorias del coloso planetario. Todos dieron un pequeño brinco. Era como ver caer a una persona del piso dieciocho en las modernas ciudades cúpula y no poder hacer nada. Aquel infeliz no podría volver atrás. La trampa gravitatoria del gigante no dejaría jamás escapar aquella nave. El fugitivo había cambiado una confortable cárcel en el planeta rojo por un infierno dentro de aquellas nubes de hidrógeno y metano, llenas de tormentas eléctricas, eligiendo una escalofriante muerte.

Oleg estaba inclinado hacia la pantalla, pensativo, tratando de entender aquel proceder estúpido. No podría ya Backar vencer el poderoso campo gravitatorio de Júpiter. Había sobrepasado el punto sin retorno. ¡Qué tontería! Jiu Jing sonreía satisfecho. Aquel idiota se había matado, ya podían volver. Y el capitán Guiev apretaba las manos contra la mesa, posiblemente angustiado sobre cómo le pagarían, ya que el imbécil se suicidaba, en vez de entregarse.

Pero Hull sentía la insistencia de su cerebro sobre algo insólito que estaba sucediendo. Dirigió su mirada asustada en todas direcciones hasta que de pronto comprendió. Había problemas con Júpiter. Miró a los demás para ver si alguno se daba cuenta pero todos parecían consternados por el suicidio de Backar. También ella veía como la navecita poco a poco se acercaba a las poderosas nubes para desaparecer por siempre dentro de ellas. Pero no era esto motivo de preocupación. Para nada.

Podría suceder que no le creyeran. ¿A quién era mejor dirigirse? Solo a uno. Se acercó a Oleg y lo tocó ligeramente:

- Quisiera hablar con usted… a solas…

Oleg, asombrado, se volvió:

- ¿Ahora, conmigo?

- Es importante… y necesario que sea ahora… Tengo una solución para que nadie de nosotros salga perjudicado.

Oleg le dio un último vistazo a la pantalla, imaginado qué pensaría aquel individuo frente al coloso que se lo tragaría en solo minutos. El que una vez fue la persona más poderosa de Marte, era ahora la más infeliz frente a Júpiter. Así cambiaban las cosas en el Sistema Solar. La estrella fracasada, que posiblemente jamás entró en sus planes asesinar a un humano, eliminaría dentro de pocos momentos a uno de los más famosos.

Torciendo la boca por tan insólitos pensamientos, miró a Hull, analizándola. Sus ojos denotaban preocupación, como cuando alguien descubre que le queda poco de vida. Esto lo intrigó. El que se moría era Backar, no ellos.

- ¿Qué sucede, pequeña? Estás asustada. ¿De qué quieres hablar? – Se volvió a los demás – Por favor, no tomen ninguna decisión. Todo esto es muy… extraño, enseguida volvemos.

Y se dirigió con Hull a la sala de reuniones. Era este un pequeño reciento de casi cinco metros por doce, donde los miembros de la tripulación podían aislarse sin ser grabados por el cerebro de la nave. Estaba para mayor comodidad ubicado al mismo nivel que las cápsulas gravitatorias. Esto permitía que los que estuvieran dentro sintieran los efectos de la gravedad artificial.

Todos los ojos siguieron a los dos que salían. Al frente de ellos un suicida y detrás una chica que al aparecer perdió la cordura al presenciar aquel espectáculo. Era raro, muy raro que alguien de la tripulación quisiera hablar a solas con otro, sobre todo en aquel caso donde solo había cuatro humanos pues los demás tripulantes eran robots.

Hull entró e inmediatamente se sentó. Esperó a que Oleg hiciera lo mismo. La puerta oval silenciosamente bajó tras ellos. Luego ambos se miraron. El investigador tenía el lacio cabello rojizo medio metido entre sus ojos. Ella, con su pelo negrísimo, lo llevaba más corto que el de él. Típica marciana, musitó el cerebro de Oleg para sus adentros. ¿Qué querrá?

- ¿No le parece raro que ese tipo se suicide? – directo al asunto Hull atacó.

- Cierto, precisamente estoy pensando cuál es la causa. Pero para decirme eso no era necesario venir hasta aquí.

- ¿Sabe usted astronomía?

- Obvio. Nadie viaja por el espacio sin saber lo básico. Y yo sé mucho más que eso.

- Entonces debe saber que las lunas más grandes de Júpiter no pueden estar todas al otro lado… en este momento. No pueden – Y recalcó estas palabras, diciéndolas bien despacio. – Debería suceder dos días más tarde. No hoy.

Oleg la miró entrecerrando los ojos. Ella quería decir mucho más de lo que estaba diciendo. Trató de entenderla, hasta que de golpe comprendió:

- ¿Tú crees…?

Hull movió lentamente la cabeza, afirmando.

- Podemos comprobarlo. Una máquina de Turing imita a otra, pero no puede imitar a todo el Universo. Y nuestros cerebros tampoco pueden ser imitados en su totalidad.

El detective estaba pasmado. Aquella era la única posibilidad, pero tan asombrosa que jamás pensó le sucedería. Había leído sobre casos, estaba advertido, pero que a él le trataran de esa manera, con un truco tan banal… Era... una burla inaudita. Aún así, no podía estar seguro de haberse dado cuenta por sí mismo si aquella muchacha no se lo hubiera dicho. Alzó la cabeza mirando a su alrededor. Todo era real, hasta los más mínimos detalles. Solo los satélites no estaban donde deberían… Siempre había un detalle, pues de lo contrario no tendría sentido hacer un Turing. Pero la genialidad de un investigador de casos espaciales debería ser encontrar el detalle de la falsificación y fue la chica quien lo encontró. Volvió la vista hacia ella.

- ¿Y por qué las lunas?

- Creo que si todas estuviesen aquí existiría la sospecha de que se escabulló en una de ellas. Con todas al otro lado era seguro que murió dentro de Júpiter.

Oleg observó detenidamente a la muchacha. Era brillante… si tenía razón.

- Tengo un experimento. Puede funcionar. Espera aquí.

Ella asintió.

Salió y en pocos minutos regresó. Traía dos triángulos rectángulos de plástico y un cono doble. Con ellos formó un plano inclinado de unos treinta grados, de tal manera que en su parte baja la separación entre ellos fuera pequeña y en su parte alta grande. Seguidamente colocó encima el doble cono, más cerca de la parte inferior, sin soltarlo.

- ¿Crees que suba o que baje? ¿Lo conoces?

Ella sonrió.

- Sé lo que debe ocurrir. De todos modos la mejor prueba no es esta, sino las lunas Pero veamos que dice la simulación de Turing.

Entonces Oleg soltó el cono. Este quedó unos instantes sin saber hacia dónde dirigirse. Un poco hacia abajo, otro poco hacia arriba, hasta que de pronto se movió hacia abajo.

Asombrado, lo volvió a colocar en el lugar anterior y el cono volvió nuevamente a moverse hacia abajo.

Miró a Hull. Esta sonreía satisfecha. Tenía razón la chiquilla.

- ¿Otra prueba? Únicamente cuántica, supongo.

El detective se paso la mano por la cabeza, echándose el pelo hacia atrás.

- Bueno, uno de ellos debe ser el culpable. O Jiu Jing o el capitán. Yo me quedaría con el capitán. La teoría podría ser esta. Backar de algún modo contactó con él, le ofreció una buena tajada de sus millones por la simulación, mucho más de lo que ganaría en todos sus años de servicio y el tipo se arriesgó. ¿Qué opinas? Jiu Jing no gana nada, al menos a primera vista. La simulación comenzó, obvio, en el momento que entramos en sueño, a comienzos del viaje.

Hull no respondió. Tenía lógica. Pero el punto aún no era ese, sino cómo regresar. El detective comprendió su mirada, asintiendo:

- Según veo, tenemos dos posibilidades. O hacernos los que nada sucede y esperar hasta el final, o desembarazarnos de los robots y presionar al capitán, en caso de que sea él culpable. Me quedo con la primera. Luchar con los robots no será nada fácil, ni convencerlo que los desactive tampoco.

Hull no respondió inmediatamente. Solo después de varios minutos pensando, se mordió los labios y sentenció:

- Rebáteme esto. Backar planeó su escape antes de huir, pues inteligencia no le falta. Vayamos por pasos, siguiendo su mismo esquema de pensamiento. Si escapaba de Marte sería perseguido por la CBCE. Entonces comenzó a buscar contactos dentro. Allí alguien cedió bajo el peso de algunos millones, el capitán Guiev. Se pusieron de acuerdo y la huida quedó para cuando estuviera de guardia. Saldría de Marte y se dirigiría a Júpiter. Es el único planeta lo suficientemente lejano y a la vez cercano que se ajustaba a su genial plan. Inmediatamente una nave de la CBCE lo perseguiría, pero como por esa fecha estaba de guardia Guiev, este sería el capitán de la nave perseguidora. La nave es del tipo CH67, capacidad para cuatro tripulantes, un módulo de gravedad artificial con radio de rotación de casi veinte metros a punto siete en velocidad angular. Esto simula la gravedad terrestre perfectamente pero es imposible hacerlo para toda la nave. Si el viaje es de menos de doce días no es necesario el uso de los módulos gravitatorios, pero un viaje de mayor duración implicaría la necesidad de dormir en ellos. Backar necesitaba un viaje largo para en el sueño meter la simulación. Calculó entonces fácilmente lo que sigue. La velocidad media en este modelo alcanza los cincuenta kilómetros por segundo, permitiendo un viaje con duración máxima de casualmente doce días en el punto más cercano de ambos planetas. No era conveniente. Pacientemente esperó hasta que el viaje fuera de quince a dieciocho días y mientras posiblemente hizo un seguro de muerte en el gigante gaseoso por toda su fortuna. Esto haría más creíble el por qué escapaba a Júpiter y a la vez le permitiría recoger el dinero al regresar de “su muerte”. Entonces escapó, dejando la simulación a cargo de Guiev lista para cuando fuese designado a perseguirlo. Nada más nosotros comenzar a planificar el viaje, nos daríamos cuenta que tendríamos que dormir en el módulo de gravitación, dejándole a los robots la conducción de la nave y la misión de despertarnos si encontramos antes a Backar Así, la tripulación de policías sería sometida al sueño espacial, mal llamado criogénesis, donde podemos sentir los efectos de la gravedad por rotación, pero no lo soportaríamos despiertos. En este momento se pondría en acción la máquina de Turing con una excelente simulación en nuestros cerebros. En ella despertábamos y veíamos cómo Backar increíblemente caía sobre Júpiter. Luego vendría el regreso, no quedaba otra. Volvíamos a dormir y despertábamos en Marte informando de la noticia. La realidad era que en el espacio, en algún punto, Backar era recogido por la nave, por eso debe ser culpable el capitán. Al llegar a Marte, luego del recibimiento, todos los medios de información sabrían sobre el espectacular suicidio del famoso millonario. Uno o dos días más tarde saldría de la nave ayudado por Guiev. Y todos quedaban limpios, incluyendo al propio Jui Jing, pues el preso al final murió. Después vendría la compra de un cuerpo genéticamente disponible, el cambio de cerebro o pensamientos almacenados, como gustara más Backar y una vida nueva para él. Asunto terminado. ¿Qué opinas?

Oleg la miró sabiamente:

- Es tan perfecto lo que me dices que parece fuiste tú quien lo planeó. No veo huecos ni defectos. Tampoco veo cómo culpar a Jui Jing. Solo queda el capitán. Él es el único que puede haber colocado la simulación, recoja a Backar en el espacio, cosa que debe ya haber hecho en estos momentos o estará haciendo y lo saque finalmente de esta nave luego que todo se tranquilice al regreso. También es el único que puede falsear la nave en cuanto a la distancia recorrida y en cuanto a lo que se le antoje. Con un buen programa cibernético y algunos millones de respaldo se puede cambiar la información en cualquier Cerebro Espacial de cualquier nave, incluyendo la de una empresa privada como es la CBCE, con todo el prestigio que tiene.

Se pasó un dedo por la boca, síntoma que ya tenía la decisión futura que haría:

- Haremos lo siguiente. Todo quedará igual. Regresamos y decimos que tu idea no me ha convencido. Le seguimos el juego, nos dormimos para el regreso y en Marte informamos a todo el mundo lo que se desea escuchar. La nave no podemos confiscarla sin orden especial por lo que tenemos que vigilarla estrechamente. Podría contactar con la Tierra y pedir un permiso especial de revisión, pero cuando hay millones por el medio no confío en nadie. Tampoco podemos probar la simulación que nos han hecho sin pruebas o revisión exhaustiva de la grabación en la nave, cosa que podemos hacer pero solo después de largo papeleo. Tenemos que capturar a Backar y Guiev con las manos en la masa. Así, lo haremos a la antigua. Esperaremos que ambos salgan del domo de CBCE. Esto lo conseguiremos vigilando a Guiev. Y antes de que llegue a su casa en el transportador universal, interceptamos a los dos. No creo que ni tan siquiera estén armados. Backar se basa en la inteligencia, no en la fuerza. De ahí vamos directamente a los medios de comunicación, por ejemplo a Comunicación Internacional Planetaria. Nos recibirán con semejante notición de manera espectacular, pero es bueno salir rápido de Marte. Backar es un héroe ahí. Luego que en menos de veinticinco minutos hasta en la Tierra se sepa, hacemos las acusaciones formales. De todo el plan el único punto débil será capturar a Backar y Guiev juntos. Esto solo lo lograremos si hacemos que confíen en que nada pasa. Lo han planeado muy bien y tienen todas las de ganar con la tecnología y el burocratismo de su parte. Pero nosotros contamos con la inteligencia y la paciencia. Creo que lo haremos. Si escapan de la CBCE sin verlos, jamás podremos ni capturar a Backar nuevamente ni probar culpa a Guiev.

Hull respiró profundo:

- Estoy de acuerdo. Es la única posibilidad.

Se levantaron y salieron de la habitación. Un instante antes de atravesar la puerta. Oleg se detuvo, tocó su borde y comentó:

- Es increíble cuantos detalles… Parece todo tan real…

Y salieron de regreso a la sala principal, flotando por todo el pasillo.

Allí el capitán y Jui Jing estaban en silencio, cada uno rumiando sus propios pensamientos. El primero simulaba estar de pie, aunque por la ausencia de gravedad se veía algo ridículo. Parecía preocupado y miró suspicazmente a los recién llegados. El segundo estaba amarrado a la silla giratoria fija del “piso”. Su cargo no le permitía adquirir posturas inapropiadas. Al ver entrar a Hull y Oleg, como hablando consigo mismo, comentó:

- Todo se ha grabado así que no habrá problemas en mostrar lo ocurrido...

Guiev, sin cambiar la vista sobre ellos, lo apoyó ligeramente:

- Claro, todo está grabado.

Oleg entonces tomó asiento al lado de Jiu Jing.

- La chica tiene una idea, algo descabellada. Dice que es posible que otra nave esté cerca, y que mientras Backar se desprende hacia Júpiter, será rescatado con un cable fuera del punto de no retorno. Claro, solo a él. Revisemos si antes de caer la nave envió algo hacia atrás. ¿Hay información sobre esto?

Guiev sonrió ligeramente.

- Esto no puede ocurrir. La nave de Backar es de exploración y aunque tiene cables y potencia suficientes para hacer ese tipo de espectacular maniobra, hubiera quedado registrado en el Cerebro Central, cosa que no ha sido así. Estamos en una nave profesional, que constantemente supervisa la nave perseguida y todo lo que sale y entra a ella queda grabado. No hay registro de ningún envío externo. Tampoco hay constancia de nave que haya salido de Marte con las características necesarias para que se encuentre ahora en las cercanías de Júpiter ni nuestro poderoso radar detecta presencia alguna.

Oleg miró pensativamente la pantalla, donde solo se podía ver ahora al gigantesco planeta:

- Entonces… no queda otra… murió el famoso Backar. Es raro que haya elegido semejante muerte, bien raro. Salir de Marte para hundirse en Júpiter… demasiado lejos para morir... pero no veo otra salida.

Jiu Jing lo miró fijamente;

- ¿Tienes otra teoría? Está claro que su muerte es algo insólito pero… es un hecho. Recuerdo una vez me dijo que prefería morir antes de pasar toda su vida en Goliat. Puede que pensara otra cosa pero le salió mal.

Oleg estaba pensativo. Se pasó la mano por el pelo, echándoselo hacia atrás:

- Lo bueno sería, para que el caso quedara cerrado, entender las causas por las cuales se estrelló contra Júpiter… Revisaremos nuevamente su vida anterior a ver qué encontramos.

Guiev lo apoyó:

- Claro, algo debe haber que indique este extraño proceder. Ahora creo que lo mejor para todos es de nuevo dormir. En pocos días estaremos de regreso y cuanto antes lo hagamos mejor. Ansío llegar nuevamente a mi precioso domo marciano.

-Yo voy al sueño inmediatamente. Estar flotando todo el tiempo me da náuseas... creo – comentó Jiu Jing, levantándose – Dejémosle el trabajo a los robots. Si algo interesante encuentran, que nos despierten nuevamente. Adiós amigos, nos vemos en Marte.

Y desapareció de la habitación.

- Yo igual me voy. Me duele la cabeza de tanto pensar – dijo Oleg, levantándose también.

Pasó por el lado de Hull y comentó en voz baja, pero lo suficiente como para que Guiev escuchara:

- Tu teoría, niña, no funcionó. Así pasa a veces. Otra vez será. No hay naves cercanas. Nos vemos en Marte. Un gusto – Y le tendió la mano

Hull se la estrechó:

- Nos vemos en Marte – musitó apenas.

Guiev esperó que todos hubieran desaparecido de la sala central. Contempló entonces pensativamente la pantalla con el inmenso Júpiter delante y murmuró:

- Hoy has hecho una excelente labor, fracasada estrella. Gracias a ti seré millonario. Pero te prometo que colocaré una foto tuya así de grande en mi nuevo e inmenso domo.

Y se volvió a los robots, programándolos para el regreso. Hecho esto se dirigió a su cápsula para dormir todo el regreso. Aquel sería su último viaje y todo debía quedar grabado de manera perfecta.

Dieciocho días más tarde entraron en órbita con la Estación Espacial de la CBCE. La nave quedó allí para revisión así como su capitán para presentar el informe detallado. Los otros tres se dirigieron a los ascensores marcianos, los cuales, a pesar de su nombre, les servirían para descender hasta Marte. Oleg los revisó con cuidado tratando de encontrar defectos con respecto a los de la Tierra pero estaban perfectamente equipados, desde sistemas de respiración en la troposfera marciana hasta una pequeña lanzadera por si era necesario un amarizaje forzoso. Mirándolos entretenido, apenas se dio cuenta de que en menos de cuarenta minutos entraban al domo de la cárcel Goliat, en el Polo Norte.

Jiu Jing inmediatamente se transformó, tratándolos como a sus subordinados Esto los obligó a marcharse casi de inmediato, cosa que el altanero Jefe de Goliat les facilitó enseguida. Era evidente que el asunto de Backar estaba terminado.

Apenas treinta y cinco minutos en la cárcel y ya salían dirigiéndose hacia Marciana, el principal y más poblado domo de Marte en un ligero pero confortable avión globo.

- ¿Y para qué, entonces, amarizamos aquí? Este idiota no nos ha ayudado en nada – agriamente preguntó Hull, terriblemente molesta por el trato de Jiu Jing hacia ellos.

- Tómalo con calma. Backar se quedó allá arriba. Pediré un permiso a la Tierra por si los de la CBCE lo capturan sin querer al revisar la nave y así quedamos limpios. Al llegar averiguamos dónde está el domo de Guiev y ahí los esperaremos.

Tres horas más tarde, luego de un agotador aunque vistoso viaje por las rojas dunas marcianas, entraron en Marciana. Era una elegante construcción de forma circular con un domo central y doce más a su alrededor, comunicados a través de poderosos pasadizos con forma oval. Se encontraba casi completamente hundida en la superficie marciana, aunque en muchos lugares fuertes paredes enfrentaban diariamente los huracanados vientos, produciendo, gracias a la inventiva del ahora renegado Backar, la energía eléctrica necesaria para la ciudad.

Bajaron en la estación Aérea Principal, donde multitud de periodistas, tanto humanos como humanoides, los esperaban. Conociendo lo quisquillosos que eran los marcianos con los robots, Oleg trató siempre de responder primero las preguntas que le formulaban los cerebros biocibernéticos. Rodeado por humanos y máquinas explicaba:

- Es increíble pero Backar encontró una inaudita muerte… Si, así fue. Todo está grabado y lo ofreceremos a ustedes nada más se apruebe. A más tardar mañana en la tarde.

Una bella robot lo increpó, posiblemente viendo la incapacidad del terrestre de quitarse de arriba a sus iguales:

- Sería este el primer caso de alguien que se le escapa, señor Oleg… ¿Cómo tilda esto, de fracaso o éxito? Algunos han quedado contentos con el resultado…

Oleg sonrió con sus blanquísimos dientes:

- Mañana, amigos, ustedes mismos decidirán.

Tendría veinticuatro horas de ventaja. Era la duración del día marciano, casi igual al terrestre.

Hull lo contemplaba alejada. Estaba sentada debajo de una pequeña cúpula que imitaba una flor. A su lado frondosos cedros terrestres, protegidos por el domo de la inclemencia climática marciana, comenzaban una nueva era en el suelo extraterrestre, en un intento por llenar de oxígeno al planeta.

El olor característico de estos árboles se esparcía por el aire y ella lo aspiró, suavemente. Era uno de sus lugares favoritos en la ciudad: La Avenida de los Cedros. Inusitadamente, estaba nerviosa por el resultado de aquella investigación. Realmente no existían pruebas de que todo hubiera sido una simulación hasta que Backar no fuera capturado y Guiev confesara. Quería comprobar su teoría. Por eso deseaba que el asunto de los periodistas pasara para averiguar por fin donde estaba el domo de Guiev. Pudieran estar perdiendo un tiempo precioso aunque Oleg le había asegurado que hasta que todo no se calmara el millonario no saldría de su escondite.

Luego de casi media angustiosa hora, el terrestre comenzó a salir de la prensa. A duras penas los dejó especulando y se le acercó:

- Bueno, ya está todo listo. Nuestro amigo Guiev te aseguro contempló enteramente el recibimiento desde allá arriba. Ahora, encontremos su domo y pacientemente lo esperaremos. Pero por si acaso, iremos directamente a comunicarnos con la Tierra pidiendo mi regreso. Esto lo hará confiarse aún más.

En un pequeño transportador magnético se dirigieron velozmente hacia la Oficina Central de Comunicación con la Tierra. Allí entraron y ante la irónica mirada de los marcianos que observaban el primer fracaso del famoso terrestre precisamente con un marciano, caminaron hasta la Oficina de Transmisión General.

Oleg se acercó a uno de los transmisores, colocó su mano encima de la huella dactilar e inmediatamente recibió un pequeño transmisor marciano. Salieron rápido de allí, seguidos por las burlonas miradas de los empleados y visitantes. El detective estaba pagando caro su bien merecida fama. Todos los marcianos estaban orgullosos del fiasco con uno de los suyos. Había preferido hundirse en Júpiter que ser capturado por un terrestre.

- Marte solo tiene menos de cincuenta años poblado y ya se sienten diferentes a nosotros. Es increíble cómo podemos tener problemas entre nosotros por el único hecho de vivir en lugares diferentes. Supuestamente todos somos humanos, pero no es así. Ahora ellos son marcianos y yo terrestre. Y defienden a un delincuente marciano. No entiendo como tú no eres como ellos… - comentó algo ofuscado Oleg

- No soy una estúpida nacionalista, regionalista o planetalista, como quieras llamarle. Mi mente va mucho más allá. No me subestimes- le increpó.

Se dirigieron al domo asignado al terrestre. Marte aún dependía de la Tierra y cuando ésta daba una orden, era cumplida a rajatabla, aún cuando los pobladores del planeta empezaban a tener animadversión hacia los extranjeros del mundo azul.

El apartamento se hallaba en un lujoso hotel de casi cincuenta pisos, alto y delgado aprovechando la poca gravedad, solo un tercio de la terrestre. A partir del piso veinte sobresalía del domo general, cerrado y ajustado al inhóspito clima externo. La reparación casi constante de sus paredes externas se compensaba completamente con la energía eléctrica producida por la tecnología Backar. Durante años el rojo planeta no había producido a nadie de talento y el millonario fugitivo era el marciano más popular del momento, aún cuando fuese buscado por asesinato en todo el sistema planetario.

"Hum falta el final pero no todo es gratis, desgraciadamente amigos."

Un abrazo

Rene

La criatura perdida

Sentados frente a una mesa en un café, dos hombres conversaban.

- ¿Has leído la historia? Todo este asunto de Universos múltiples alteró mi grado de realidad. ¿Qué opinas? – Inclinó hacia la mesa su lector digital proyectando frente a su compañero el periódico del día. En primera plana se leía: “Científico loco demuestra con su muerte que los multiuniversos pueden ser posibles”.

La calle cercana estaba casi vacía. Caía la tarde y el sol, aburrido de todo un día de trabajo, desaparecía lentamente por el horizonte. Era un tema que apasionaba a Williams.

- ¿No debe ser multiverso? Universo es solo uno, pero multiverso son varios… aunque también podría ver multiuniversos, como humano es solo uno y multihumanos varios. Hay que mantener la palabra inicial… ¿o no, Pitias? – Dirigió una inquisitiva mirada a su amigo, pero este no le prestó la más mínima atención. Aquel tema no le interesaba. Giró la cabeza mirando el reflejo del sol agonizante en el inmenso cristal del local que los separaba de la calle y dio un escueto comentario:

- Típico mensaje sensacionalista. Nada más. El tipo estaba…

De pronto se escuchó un estrépito y ambos saltaron de sus asientos. Aquel sonido era conocido aunque jamás lo hubiesen escuchado. Era el sonido de la muerte devoradora. Aún era reconocible el mensaje de peligro enviado desde lo más profundo y atrasado de su cerebro, cuando extrañas bestias dominaban el mundo y los pequeños mamíferos que habían sido sus antepasados se escabullían temerosos entre las rocas.

- ¿Qué demonios fue eso?

Willians se dirigió al enorme cristal, mirando hacia afuera. Pitias se volvió a sentar, pero su rostro estaba blanco como el papel. Miró despacio en dirección al dueño del lugar, buscando una explicación que este, con los ojos desorbitados por el miedo, no le pudo ofrecer.

Y entonces, al mismo tiempo que escuchaban unas enormes pisadas, los tres lo vieron. Era imposible, pero allí estaba, caminando por las calles de Oslo, un inmenso tiranosaurio Rex. El horrible rugido que emitía por segunda vez era el causante del terror que sentían en sus cuerpos.

- Es… un dinosaurio. ¡Mierda! ¿Cómo que un dinosaurio? ¿Qué es todo esto?

Pitias tampoco esta vez se levantó de su silla. No podía hacerlo, negados sus músculos a obedecerle. Allí, frente a él, a solo quince metros al otro lado del cristal, un inmenso dinosaurio carnívoro los contemplaba. Pero los seres vivos no desaparecen inútilmente. Un pensamiento brotó de nuevo. No se debía mover.

- No sé qué estoy viendo, pero si es real, que parece serlo, tiene mala vista. No te muevas… no muevas ni un centímetro de tu maldito cuerpo, amigo, pues vendrá hacia acá.

La advertencia estaba de más. Ninguno de los tres se movía. El tiranosaurio veía su imagen ligeramente reflejada en el cristal. Era eso lo que hacía que se detuviera, extrañado, pero su cerebro no podía entender que era él mismo. Ni tan siquiera que podía ser otro dinosaurio, imposibilitado del proceso de abstracción y generalización necesario para comprender que una imagen plana podría representar a un ser tridimensional. Solo su propio movimiento al contemplarse la enorme cabeza que ladeaba a cada instante, hacía que dudara en continuar buscando alimento. Al fin, cambió de idea y continuó su camino.

Los hombres comenzaron a respirar lentamente. Williams, sin despegarse aún del cristal, pulsó su lector digital hacia atrás, dejando que Pitias viera las últimas noticias de Noruega:

- …el gigantesco dinosaurio creado en los laboratorios Lantrex a través de codificación genética, ha escapado provisionalmente. Se encuentra cerca del Jardín Botánico, en Munchmuseet. Esperemos que no cause víctimas. Los científicos dicen que no hay peligro de ser comido por el animal pues como medida de precaución han eliminado sus instintos de caza. Rogamos a los habitantes permanecer en sus casas hasta que la situación se normalice. La policía del…

- Pero, ¿qué se creen? ¿Cómo van a crear un dinosaurio y para colmo, dejar que escape...? ¿A dónde llegaremos como humanidad? ¡Por algo la naturaleza extinguió a estos monstruos!

Williams contemplaba inmutable a su amigo Pitias, el cual, enfurruñado, no dejaba de protestar contra la situación en la que encontraba envuelto.

Alejado, el dueño del local sopesaba la situación. Su respiración era más tranquila. Por fin se recuperó casi del todo y luego del shock inicial, pensó razonablemente en ayudar a sus clientes:

- Creo que lo mejor es quedarnos aquí. Si lo desean puedo servirles algo de comer. Va por la casa…

Dirigió un pequeño control hacia la señal del enorme lector digital que tenía colocado en una esquina del lugar y mirando hacia fuera, preocupado, bajó el volumen. En la pantalla podía verse una bonita muchacha de cabello corto y oscuro que con bella voz explicaba:

- Aquí mismo, frente a nuestro edificio de prensa, el científico Ortmes ha planteado a la prensa que no es del todo seguro que el dinosaurio sea inofensivo. Los genes relacionados con el ataque de los reptiles modernos no tiene que ser los mismos en los antiguos reptiles. Por tanto, la ausencia de estos en Rex no implica en modo alguno que no pueda comerse a alguien, literalmente. Esa es la mala noticia. La buena es que no debe sobrevivir mucho fuera de las instalaciones en las que fue creado pues en este momento cientos de miles, quizás millones de microorganismos, lo están atacando, sin importarles cuan terrorífico pueda ser un dinosaurio. Para ellos es solo un nuevo alimento. Así, el destino de Rex esta echado. Pronto morirá.

- Tengo que verlo de nuevo. Y filmarlo. Vamos… ¿quién me acompaña? – Williams estaba ahora entusiasmado. – Vamos, no atacará. Es un cuento.

Pitias negó con la cabeza. Su rubio cabello ensortijado parecía estirado, muy posiblemente por el miedo.

- Está bien. Iré solo. Me hubiera gustado que me filmaras al lado del dinosaurio. Lo buscaré.

- No tienes que hacerlo. Está ahí nuevamente. Date la vuelta, amigo.- Murmuró apenas Pitias.

Despacio, Williams se volvió y a menos de dos metros se hallaba el gigantesco dinosaurio, echado en la calle. Por alguna extraña causa, había regresado.

La cabeza parecía cansada, respirando pesadamente pero sin lugar a dudas, no deseaba levantarse. La luz del sol había desaparecido y todos pudieron perfectamente ver cómo descansaba un dinosaurio al caer la noche millones de años atrás en el planeta. La visión no duró mucho pues a lo lejos ya se veía la policía, tratando de rodearlo pero sin dispararle.

- Está muriendo. Verlo así, da pena. – dijo Williams.

- Estando entre sus mandíbulas tu último pensamiento sería bastante diferente. Si se va a morir, que se muera. Semejante bestia nada tiene que hacer aquí. – Más práctico, Pitias contaba cada segundo de vida del animal, deseando que acabara de soltar su último suspiro.

Una hora después, en una gigantesca grúa, colocaban el cuerpo sin vida del dinosaurio ante al asombrada mirada de las personas aglomeradas allí.

- Bueno, eso fue todo. Nada de espectaculares edificios destruidos estilo Hollywood y mucha sangre corriendo.

Pero no había sido todo. Era solo el comienzo.

Regresaron al café, meditabundos

Al entrar, el lector digital aún proyectaba las noticias.

- ¡Mira, ahí estamos nosotros, en aquella esquina! ¡Salimos en las noticias, amigos, gracias a este dinosaurio!

La bonita locutora anterior interrogaba ahora directamente al científico Ortmes y este de nuevo acusaba a los laboratorios Lantrex:

- Todo ha sido una jugarreta de la poderosa empresa. Es imposible que el dinosaurio escapara. El asunto ha sido así. Lo soltaron intencionalmente en un lugar de la ciudad con poca gente, sabiendo que moriría pronto sin causar daño. Los virus hicieron el trabajo. Pero la propaganda funcionó. Quieren llevar gente a Europa, donde los reptiles viven a su antojo y nadie desea ir. Esa es la causa. La agencia de Viajes Espaciales necesita de voluntarios, además de los científicos, que ayuden a los científicos allá.

- Así que desean que nosotros, los idiotas, vayamos a la luna de Júpiter… ¡están locos!

Williams lo miró, muy serio:

- No me interesa si es propaganda o no. Iré a Europa

Pitias le devolvió la mirada con el rostro demudado:

- ¿Irás?

- Iré. Vives una sola vez.

Y así fue como Williams, un tipo normal de veintiséis años, se fue a vivir con los dinosaurios… y con otras criaturas aún más extrañas que nunca pensó existirían realmente.

El asesino cuántico

El sujeto estaba sentado con los brazos encima de la mesa y la cabeza entre ellos. No había más nadie allí. A través de un cristal semitransparente dos detectives lo contemplaban. La observación poco a poco comenzó a convertirse en algo inútil, pues el hombre no se movía. Por fin uno de ellos decidió actuar. Estaban perdiendo tiempo y el interrogatorio debía comenzar.

Romier entró, observándolo cuidadosamente. Era extraño. No tenía pinta de asesino con aquella bata de investigador científico y su cuerpo tan endeble. Movió la silla al sentarse como para darle a entender que alguien había llegado pero ni así mostró deseos de levantar su cabeza o de sentir presencia humana a su alrededor.

Entonces lo pateó por debajo de la mesa. Esto tuvo el efecto deseado, logrando que levantara su rostro hacia él, pero no la cabeza, que continuó sobre la mesa.

- ¿La declaración? – Esto lo pronunció mordiéndose ligeramente los labios – Así es. Yo lo maté. Déjeme tranquilo. Soy su asesino, condénenme, ¿qué más?

Romier se echó hacia atrás. Algo positivo al menos. Era el comienzo.

- Entonces, ¿reconoce que usted cometió el asesinato?

- Lo reconozco.

- Ahora falta el motivo. ¿Por qué lo hizo?

- Usted no entendería. No… no entendería.

- Póngame a prueba. Explíqueme. – Romier encendió la grabadora esperando la confesión. Ya era hora de que aquel individuo explicara su extraño comportamiento.

Por vez primera el hombre levantó la cabeza de la mesa. Lo miró con ojos totalmente desesperanzados de comprensión, pero habló.

- Yo lo maté, ha sido solo un problema cuántico. Estoy en el mundo equivocado. Solo eso. No quería matarlo, ni lo hubiese hecho jamás., pero existió la probabilidad y alguien tenía que hacerlo. Ese fui yo.

Romier se echó hacia delante. ¿De qué hablaba aquel tipo? Esperaba una confesión y venía con galimatías.

- No entiendo. Quiero que me diga el móvil por el cual mató a su compañero. Usted llegó esta mañana al Centro de Investigaciones Cuánticas con semblante normal, saludó a todos y entró al laboratorio. Su compañero de investigación Ormás lo esperaba. Desde afuera los demás físicos escucharon que primero hablaban, luego discutían y seguidamente un grito. Luego de un silencio total por casi una hora, salió y les indicó que llamaran a la policía. Al llegar hemos comprobado que con un tubo de hierro le asestó un contundente golpe en la cabeza a su compañero, dejándolo muerto en el acto. Luego ha quedado en el silencio más absoluto hasta ahora. No es mi interés perder tiempo. Deseo que me indique por qué cometió ese asesinato. Nada más.

El físico, de aspecto endeble y para nada parecido a una persona capaz de romperle el cerebro a alguien con un tubo, comenzó su declaración:

- Hacía días que debatíamos el libre albedrío y la causalidad cuántica, el problema de la mente humana y su influencia en el mundo físico. También la teoría de los múltiples universos de Everett. Él confiaba en esta teoría. Yo creía que era falsa. En eso estaba centrado fundamentalmente nuestro trabajo. Y sucedió que tenía razón. La mejor prueba fue dejarme en este Universo dónde fui su propio asesino. Ormás siempre ha sido un tipo brillante. Debí hacerle caso y no discutir con él. Pero cuando algo se le mete en la cabeza, busca los métodos más brutales para demostrar que tiene razón. Esta vez me ha dejado como su asesino.

Romier comenzó a desesperarse. No entendía absolutamente nada lo que aquella persona explicaba. Lorentz, frente a él, lanzó un suspiro.

- Entienda, el motivo es que él deseaba probarme su teoría. Por eso provocó condiciones de posibilidades diferentes de cero para que sucediera el evento. Yo a su vez, deseaba mostrarle que no tenía sentido. ¿Sabía que una de las causas para el descubrimiento científico es la rivalidad entre colegas? A veces hacemos cosas increíbles por mostrarle a otro que tenemos razón. Y cuando esto se convierte en el centro de nuestras vidas nos hemos apartado del verdadero camino científico. Tantos tiempos juntos hizo que constantemente quisiéramos probarnos hasta las últimas consecuencias nuestras ideas.

Romier trató de buscar la idea central:

- ¿Lo mató porque él deseaba mostrar su teoría?

- No, él hizo que lo matara para mostrar su teoría. Eso es lo exacto.

- Pero no puede existir móvil de asesinato en la víctima, sino en el asesino. ¿Me está diciendo que él o indujo a matarlo? No tenía personalidad suicida, nadie le creerá eso.

- Usted no entiende, se lo dije desde el inicio. No busco justificaciones, no quiero atenuantes. Solo cuando se encuentra la verdad definitiva, uno comprende. A mí me basta con que me demostró que era cierta su teoría. Puede condenarme, puede matarme en este universo. No me interesa, existo en otro. Eso ha quedado demostrado por Ormás. Me lo ha probado.

Lo que estaba claro era que aquel tipo no estaba bien de la cabeza. Mejor le enviaba a Katie, la psicológa. Si estaba mintiendo ella lo descubriría. Haciéndose pasar por loco era inútil. El peso de la ley caería sobre él de todos modos.

- Está bien. Usted es el asesino y lo mató para que él pudiera probar su teoría… de asesinato, supongo.

Pero Lorentz no contestó. Se limitó a morderse los labios, resentido por semejante incomprensión.

- Solo quiero la muerte. Condénenme y mátenme lo antes posible. No soy de aquí, o mejor dicho, no quiero estar aquí.

Romier lo observó de nuevo cuidadosamente. No parecía loco pero… Se levantó.

- Hasta un rato, señor Lorentz.

Y se marchó. Fuera se encontró con la detective Bondy.

- ¿Qué opinas?

Su voz suave y acariciadora llegó delicadamente a sus oídos. Siempre le había gustado Bondy pero como era su compañera de trabajo… Esto le impedía comunicarse en otro ámbito que no fuese el estrictamente convencional.

- No sé. Pienso lo mismo que tú. Katie debe examinarlo.

Veinte minutos más tarde entraba Katie a la habitación. Por el cristal observaban de nuevo los detectives. Estaban interesados en ver qué sucedería. En aquel cuarto habían estado asesinos, estafadores, mentirosos, proxenetas, pedófilos, en fin, personas de todo tipo y de cualquier capa social, pero ninguno de ellos encajaba con aquel que se encontraba ahora dentro. Ninguno.

El individuo se encontraba con los brazos cruzados sobre la superficie de la mesa y la cara apoyada en ellos. Era la misma postura que había usado con los detectives. La psicológa, acostumbrada a los engaños de los delincuentes se quedó de pie, observándolo. Esperó pacientemente a que se diera cuenta de su llegada pero luego de varios minutos de inútil espera le dio una ligera patada a la silla y el hombre levantó la cabeza, como despertando. La observó detenidamente. Era de mediana estatura, rubia con el cabello ligeramente crespo, sobre todo en las puntas. Su cara, demasiado bonita para indicar mucha inteligencia, estaba dubitativa, recordando todo lo que le habían comentado los detectives sobre el caso. Nueve de diez, le susurró el subconsciente, tan bajo que ni cuenta se dio de la nota final que le había otorgado. Medio segundo después de terminar la inconsciente valoración sexual trató de precisar quién podría ser hasta que de golpe entendió:

- Esta es la parte más complicada de todas. Debería suceder rápido para salir de aquí cuanto antes. Usted es la psicóloga, supongo, la cual viene a probar que estoy mal de la cabeza. Escuche, ya esto me aburre, le explicaré en detalle cómo funcionan las cosas, me condenan y la pena de muerte. Odio estar en este Universo. Cuanto antes me largue mejor.

Katie no dijo nada pero acercó la silla hacia ella separándola de la mesa.

- Soy toda oídos. Explíqueme.

Lorentz la miró suspicazmente, pero decidió explicarle:

- Diré esto más bien para desahogarme. – Sus ojos se entrecerraron sin dejar de mirarla – Sería mucho pedirle que me crea. Posiblemente que me entienda. Todo comenzó con Everett.

- ¿Everett? ¿Quién es Everett?

- Le recordaré que soy físico. Cuando surge la mecánica cuántica, la física de los átomos, todo fue muy extraño y confuso. Anteriormente se pensaba que el mundo estaba regido por leyes, existía la causa y efecto de manera impecable. Un hecho ahora provocaba otro en el futuro de manera exacta. De eso estaba convencido Newton. Y nos enseñó a pensar así. Durante varios siglos esperamos un Universo regido de manera mecánica y segura. Y lo encontramos. La óptica ondulatoria, los planetas, las galaxias, las mareas, los meteoritos, el clima. Todo es posible explicarlo según el gran genio de Newton.

La psicóloga se echó ligeramente hacia atrás. Aquello era para largo, pero debía dejarlo hablar si deseaba enterarse de los pensamientos más recónditos en aquel cerebro.

El asesino continuó. Ahora ya no la miraba. Los temas que explicaba lo absorbían de tal modo que poco a poco dejó de mirarla, manteniendo su vista en algún punto en la superficie de la mesa.

- Pero los átomos no se dejaron incluir en las leyes archiconocidas y perfectas newtonianas. Ellos eran rebeldes y crearon sus propias leyes. Nosotros, cuerpos macroscópicos dirigidos por las leyes del macro mundo de Newton, descubrimos esas leyes liliputienses y no podíamos entenderlas. Y aún no podemos, luego de más de un siglo de usarlas. El problema radica en nosotros mismos, en nuestra mente. ¿Conoce algo de mecánica cuántica?

Ella le respondió negativamente con la cabeza. Realmente sabía algo pero mejor que él explicara. Regla primera, no interrumpas a un paciente.

- Le pondré un breve ejemplo. Imagine que tiene que observar un automóvil. Este puede ser azul o verde, tener tres metros o cuatro. Usted lo mide con mucho cuidado y obtiene un grupo de valores. Entonces usando el mismo aparato de medida otra persona viene y lo mide. Resulta lógico que coincidan las medidas. Es el mismo aparato de medida y el mismo automóvil, suponiendo que esa persona puede medir con la misma exactitud que usted. De ahí se deduce que el automóvil es real. Es medible por cualquier persona que desee hacerlo y llegará a las mismas conclusiones. ¿Ha entendido?

La psicóloga asintió ligeramente.

- Lo anterior es la base de la ciencia. Lo real es lo que cualquier persona puede observar y medir, coincidiendo su medida con las de otras personas. Esto lo puede realizar en el momento o lugar del espacio que desee. Por eso no puede probarse que Dios existe. Nadie puede repetir una experiencia mística o medirla todas las veces que desee. Pero suponga de pronto que encuentra un mundo en el que cada medición del mismo objeto le ofrece un resultado diferente. Suponga que mide la velocidad de un electrón y le da un valor. Yo la mido y me da otro valor. Es algo raro pero aún puede suponerse que varió su velocidad. Suponga ahora que desea aplicarle la teoría de Newton para predecir la velocidad futura de la partícula. Entonces obtiene error tras error. La teoría clásica no permite la descripción del átomo. Ah, pero somos inteligentes. Alguien encontró una ecuación que pudo por fin meter a los electrones en cintura y describía perfectamente su comportamiento futuro. Solo que de pronto se descubre que no solo cada persona encontrará un valor de, digamos, velocidad en el electrón, sino que además, ¡antes de medirlo tiene infinitos valores de velocidad!

Suspiró, mirándola por un instante.

- Creo que es demasiado lo que le cuento. Pero seguiré. Usted me lo ha pedido. Al final entenderá, algo, pero entenderá. El punto fundamental es que la teoría cuántica permite distintos valores en la medición de los mismos objetos. En el micro mundo un automóvil puede ser a la vez verde o azul depende de quien lo mire. Viene seguidamente la pregunta ¿Es real o no el color? Si depende de quién lo mire ¿Dónde queda el sentido de realidad? Un electrón puede tener velocidad A o velocidad B, en dependencia de si yo lo mido o lo mide usted. Entonces podemos cambiar. ¿Qué velocidad tenía antes de medirlo? Esto no lo responde la teoría. Aquí hace silencio la maldita. En síntesis, el electrón puede hacer lo que quiera antes de medirlo, incluso incumplir con la ley de conservación de la energía… ¡pero no puedo medirlo, no puedo sorprenderlo en el momento que lo hace!

Indudablemente aquella persona estaba loca. ¿Hablaba de las partículas elementales, específicamente de los electrones como si estuviesen con vida y aún más, con vida inteligente? Katie no movió un músculo, aunque ya estaba impaciente por saber a dónde llevaría toda aquella perorata.

- Y fue incomprensible durante mucho tiempo este tipo de actitud cuántica. Hasta que llegó Everett. Él propuso lo siguiente. Cada proceso de medición provoca un nuevo universo. Si usted decide ahora levantarse formará un universo en el cual se ha levantado, con las consecuencias propias de ese acto. Pero habrá otro universo en el cual usted se quedó sentada, escuchando hasta el final todo lo que le he dicho.

Entonces se inclinó despacio por la mesa hacia ella.

- Estoy en el universo en el cual he asesinado. Mi otro yo se encuentra tranquilamente en su casa sin haber cometido asesinato, en otro universo. Eso era lo que queríamos demostrar Ormás y yo.

Era el fin de la explicación. Si había entendido bien, sucedía que existían dos universos, uno en el que Lorentz era asesino y otro en el que no lo era. Al menos así lo creía él.

Katie se inclinó también hacia Lorentz:

- Se supone, entonces, ¿que no debe ser condenado, pues usted tuvo la mala suerte de cometer este asesinato?

- No me ha entendido del todo. Siempre existirá un universo en el que usted es la perdedora. Yo soy el perdedor en este. Aquí usted es psicóloga pero puede que en otro la decisión de serlo no se produjo y ahora es una vendedora ambulante o se ha suicidado. Pero le aseguro que hay algún universo en el que incluso usted no está en este momento. Pudo haber tenido algún accidente, puede que alguien la haya matado, en dependencia de las posibilidades que anteriormente ha tenido. Cuando una posibilidad puede cumplirse y no lo hace, realmente si se ha cumplido, todas las posibles, solo que usted ha quedado en alguna de ellas.

Por vez primera la cara de Katie comenzó a desencajarse.

- Explique eso de nuevo – Recordó el accidente de tránsito del año anterior, donde solo por casualidad un inmenso camión la hubiera aplastado dentro de su auto, pero tuvo suerte y solo sufrió rasguños leves.

El físico se animó al ver una nebulosa expresión de comprensión en la bonita cara de la rubia:

- Le explico mejor. El mundo cuántico nos ha enseñado a esperar no un resultado único, sino un conjunto de posibilidades, todas ellas igualmente reales. Esto implica que pudieran existir diversos universos, creándose de las distintas posibilidades de un fenómeno dado. Por eso una persona tiene suerte y otra no. La que tiene suerte es que aquí en este universo ha sido fortuito lo que ha obtenido pero en otro ha fallado y al revés, la persona que aquí no tiene suerte en otro la ha tenido. En un universo puedes ser psicóloga y en otro profesor de escuela. En uno de ellos has sobrevivido a un infarto y en otro no. En uno de ellos tus amigos murieron primero y en otro ellos te han visto morir a ti. También en uno de ellos yo maté a Ormás y en otro no he cometido ningún asesinato. Desgraciadamente estoy en el universo equivocado, por eso quiero salir lo antes posible de aquí. Quiero que me maten, por favor. Mi otro yo…

- Espere, debo salir un momento, necesito aire fresco.

La psicóloga jamás había pensado en una probabilidad semejante. O aquel individuo estaba completamente loco o estaba demasiado cuerdo.

Afuera miró a los detectives. Ellos lo habían escuchado todo.

- ¿Que opinan?

Bondy contestó:

- Es escalofriante… lo que dice.

Romier también agregó su parte:

- Si eso es cierto… es increíble.

- Claro, pero igual debe ser condenado. Es su problema estar en este… universo. – Sentenció la psicóloga.

- Está claro, pero él mismo no niega que lo condenemos. No obstante, puede estar loco. Deberíamos confirmar de algún modo lo que dice. De todas maneras algo pasó entre ellos dos y mató a Ormás. – Romier quería llegar al fondo del asunto. – Entraré de nuevo. Quizás algo nuevo diga, ahora que está más comunicativo.

Romier entró:

- Hemos escuchado lo que ha dicho a Katie. Es interesante esa teoría pero, ¿exactamente por qué cometió el asesinato? ¿No le parece que ha exagerado? Pudiera quedarse en este universo sin haber matado a nadie.

- Es que deseábamos probar la teoría. Para hacerlo necesitábamos de un proceso regido completamente por el mundo cuántico pero a la vez que se produjera en nuestro mundo clásico. Eso puede suceder solamente con los procesos mentales. La mente no existe en nuestro universo. No puede ser medida, encapsulada. No puedo probar que usted tiene mente sino es por el hecho de que yo tengo una y como usted se comporta de manera similar a mí, deduzco que posee la misma sensación de consciencia de existencia. Es holística, no reducible a procesos que la forman.

- Hum, holística ¿qué significa eso?

- Algo holístico es que no puede descomponerse en partes. La mente no puede reducirse a grupos de átomos ni a reacciones químicas. Una colonia de hormigas se comporta como un gigantesco organismo. Cada una hace algo que ayuda a la formación de todo el sistema, pero no es reducible al estudio de las hormigas por separado. Una fotografía está formada por un conjunto de puntos de cerca, pero de lejos es una imagen. El concepto imagen no puede ser reducido a un conjunto de puntos. Una computadora…

- Ya entendí. Ahora, ¿qué tiene que ver la mente con el asesinato?

- Mucho. Cuando tiras los dados no se forman universos pues las probabilidades de que caiga un seis o un ocho existen solo para nosotros pero realmente las vueltas del dado dependen del ángulo de choque y su masa. Están determinadas aunque no las conozcamos. Pero no sucede lo mismo en cuanto a las decisiones de la mente. No es predecible pues no es reducible. Es holística.

Y vuelve con la palabrita – pensó Romier.

- Esto implica que si ahora lo ahorco o no lo hago depende de un proceso casual no predecible en nuestro mundo real y si las condiciones pueden existir, entonces en algún universo yo lo he matado o usted defendiéndose me lo ha hecho a mí.

Romier se quedó pensando.

- ¿Quiere decir que pudiéramos probar ahora mismo su teoría?

- Ya la he probado con Ormás.

- A ver, intente matarme ahora y le probaré que no puede.

La cara de Lorentz se puso pálida:

- Detective, no juegue con las cosas que desconoce. Desde el momento en que la probabilidad mental surja y coincida con la situación real, este universo se desdoblará y quedará uno de sus yo en algún lado lamentándose de lo qué ha hecho.

- Máteme, ahora. – Y le tendió la pistola.

Afuera, Katie y Bondy se lanzaron a la habitación. Aquello se iba de las manos. Pero llegaron tarde. Al entrar un disparo de la pistola había alcanzado a Lorentz en el pecho. Romier, asombrado, murmuró:

- No puede ser, no tenía balas, justo en la mañana se las he quitado… ¿Cómo es posible que alguna…?

Lorentz tuvo aún tiempo de exclamar:

- Se lo dije, detective. Pero no se preocupe. En otro universo usted le ha quitado todas las balas a su pistola…

Y murió.