jueves, 6 de enero de 2011

Los seres no naturales

Año 2210. Sistema Solar. Cercanías de Júpiter

La voz del hombre se sintió nerviosa:

- ¿Crees que se escape?

- No entiendo a dónde va. Cuanto más se aleje del centro del sistema, peor para ellos. Al frente solo tienen a Júpiter. O regresan o mueren.

- Ponte en su lugar, ¿a dónde irías? No creo que alguien que escape de una cárcel marciana tenga la descabellada idea de perderse en el espacio profundo.

- ¿Qué plan tendrá?

- No sé. Esta es una nave de guerra, la de ellos solo de exploración. Si regresan serán encarcelados, si se alejan mueren. Pero te aseguro que ninguna de las dos opciones tiene en mente Backar.

Los dos hombres observaban la mancha de la nave fugitiva a través de la pantalla semitransparente de la Sala Central de Mandos. A su lado cinco oficiales con uniforme del Centro de Reclusos Marcianos tenían también clavados sus ojos en la pantalla, prácticamente lo único que hacían en una cacería que ya duraba casi quince días. El radar les mostraba solo un punto pero todos sabían que dentro de él no estaba solamente el primer humano en escapar de las extremadamente seguras cárceles espaciales, sino además el futuro de cada uno de ellos. Si regresaban sin haberlo capturado, no verían más el espacio.

- ¿Crees que no ha elegido suicidarse? Después de todo lo que ha perdido en la vida, perfectamente desearía hacerlo… creo yo – Explicó Jiu Jin, mientras se pasaba la mano por la cara. Por un breve instante recordó la pomposa ceremonia que recibió cinco años atrás para tomar el mando en la cárcel marciana Goliat. Ese día el mismísimo señor Kiger, Presidente de las estaciones y colonias extraterrestres, le ungió como Comandante de Seguridad en todo el Polo Norte de Marte. Esto incluía las dos estaciones de investigación y la famosa cárcel. El recuerdo le hizo sonreír ligeramente. Todo era político. Si no traían de regreso al maldito loco fugitivo, aquellos que con sonrisas lo hicieron subir lo tirarían abajo sin misericordia nada más alguna nube bien oscura apareciera perjudicándoles. Y este caso era una de ellas.

Oleg lo miró con ironía. No le caía nada bien un individuo de tan alto cargo que a su juicio no merecía. Estaba claro que al ser Jiu Jing el yerno del señor Kiger, este le había regalado la presidencia de Goliat. De paso el Presidente cerraba relaciones con el hijo del multimillonario Lang Jing, dueño de varios hoteles espaciales, incluyendo tres en el mismo Marte. Todos los poderosos se unían y ayudaban entre sí. Sin embargo él había obtenido de la vida las cosas por su propio esfuerzo. Se había graduado específicamente en crímenes del espacio desde hacía más de veinte años en el famoso centro de investigación Tales. Los estudios habían sido extremadamente difíciles. Tuvo que aprender casi todo, desde física y astronomía hasta exobiología y psicología de la inteligencia artificial. Pero sabía que cuanto más complicado, menos personas lo harían, siendo por lo mismo bien escasos los especialistas y muy solicitados. Al final quedaron solo tres, con conocimientos tan profundos y amplios que eran casi insustituibles. A partir de ahí su futuro fue constantemente ascendiendo, lenta, pero inexorablemente. No importaba qué ideas novedosas tuviera un fugitivo ni dónde se escondiera, Oleg lo hallaba. Su caso más famoso fue descubrir a través de pura deducción el cadáver de un minero asesinado dentro del cráter Hipatia, demostrando de manera impecable que los métodos detectivescos antiguos aún merecían su lugar en un mundo casi regido totalmente por el cerebro cibernético. Esta vez lo habían enviado desde la Tierra para juzgar a Backar, llegando a la Estación Espacial Principal de Marte justo cuando ya escapaba. No tuvo tiempo de bajar al planeta. El gobierno terrestre solicitó muy delicadamente que fuera incluido en la captura y aunque en el presente viaje no tenía ningún cargo oficial todos le respetaban. Unos, debido a su bien merecida fama, y otros porque sentían detrás de su espalda el poder omnipresente de la Tierra.

- Te diré algo, Jiu Jin. No importa que los humanos vivan en el espacio, en la Tierra, Marte o en una aldea. Los sentimientos no cambian a lo largo de los siglos ni por medio de la tecnología. Si hay algo por qué vivir, lo hará. Y este tiene una buena motivación: doce millones. No se quitará la vida, a menos que se la arranquemos. Y no lo haremos, solo deseamos devolverlo a donde estaba y que las leyes se hagan cargo de él.

Jiu Jing miró de nuevo la pantalla:

- Pero se dirige directo a Júpiter… Espero que tenga un plan interesante. Tal como va se meterá directo en el gigante.

- Lo tiene, solo hace falta encontrarlo. ¿Dónde se encuentran Europa, Io, Ganímides y Calisto? No las veo.

- Están todas ahora al otro lado. – dijo el capitán de la nave Guiev. – El viaje había sido orientado, planificado y costeado casi completo por la Compañía de Búsqueda y Captura Espacial, la famosa CBCE, de la cual él era uno de los principales capitanes. La Compañía se especializaba en restos perdidos, expediciones con problemas, fugitivos o estaciones espaciales necesitadas de ayuda urgente. Pagaban bien por esto y era un excelente negocio. La Tierra contrataba a terceros cuando los viajes eran más allá de Marte y esto a su vez estimulaba la iniciativa personal en las exploraciones lejanas, quitándose el Gobierno de arriba un lastre demasiado pesado.

Detrás de todos ellos, sentada en una silla ajustable, típica de los viajes espaciales, se hallaba Hull. Era una muchacha de solo veintiséis años y estaba en la nave por pura casualidad. A último momento, unos minutos antes del despegue, faltó el piloto de información y únicamente tuvieron, debido a la premura, aceptarla a ella. No pertenecía directamente a la CBCE. El puesto era necesario para que supervisara las causas posibles de cambios sobre la ruta inicial del viaje y autorizara o informara a tiempo. El Cerebro Central Biocibernético corregía constantemente la trayectoria, afectada por meteoros o gravitaciones no previstas, pero siempre era necesario revisar monótonamente qué sucedía y por qué. Su cargo, meramente informativo podría parecer insulso, pero detrás de aquella juventud poco común para una persona dentro en una nave del espacio exterior, había una mente que gustaba del estudio y excelentemente informada de casi todas las cosas importantes en un viaje espacial.

Observaba la escena con cuidado y expectación. No solo analizaba la captura espacial, sino además cada uno de los personajes dentro de la sala. Entendió inmediatamente que Oleg creía ser superior a Jiu Jing por su inteligencia y que a su vez, este lo menospreciaba por no tener suficiente poder. El capitán a su vez subestimaba a ambos pues estaba claro que ninguno de ellos comprendería los secretos del espacio exterior y eran personas de escritorio, no de aventuras y acción como él.

Mientras los observaba algún ignoto mecanismo dentro de su cerebro la hizo reaccionar, detallando aún más la escena que veía. Algo no estaba bien. En las pantallas se mostraba claramente cómo la nave fugitiva se introducía de lleno dentro del campo magnético de Júpiter. Esto aún podría salvarla pues estaba protegida con una jaula electromagnética pero al parecer, su dirección era directa hacia la atmósfera del gigante. Todo viajero espacial conocía del punto sin retorno en un campo gravitatorio. Backar no era posiblemente experto pero tampoco un ignorante. Ocho años atrás comenzó a colocar productoras de energía eléctrica a través de las tormentas marcianas en las paredes de los edificios del planeta. La idea de conjugar la solidez de los muros protectores con la posibilidad generadora de energía no era nueva pero él encontró la solución. Las poderosas tormentas de polvo marcianas pronto le dieron excelentes ganancias y se convirtió en la persona más famosa de Marte debido a su éxito tan repentino. El sueño marciano creció en gran medida por personas con inventiva como él. Pero de héroe dos meses atrás pasó a villano cuando se descubrió que solo quince días después de su divorcio su ex esposa había muerto misteriosamente en uno de sus lujosos apartamentos, detrás de un pequeño lago. Las investigaciones hallaron evidencias que la idea original de las paredes eléctricas le pertenecía a ella y no a Backar, dando origen a un excelente motivo para asesinarla. Todo esto implicaba que aquel hombre no moriría dentro de Júpiter y algo tramaba, ¿pero qué podría ser?

De pronto el cerebro central informó que Backar acababa de atravesar el punto sin retorno de Júpiter. Ni los cohetes de la nave ni su motor iónico podrían sacarlo de las garras gravitatorias del coloso planetario. Todos dieron un pequeño brinco. Era como ver caer a una persona del piso dieciocho en las modernas ciudades cúpula y no poder hacer nada. Aquel infeliz no podría volver atrás. La trampa gravitatoria del gigante no dejaría jamás escapar aquella nave. El fugitivo había cambiado una confortable cárcel en el planeta rojo por un infierno dentro de aquellas nubes de hidrógeno y metano, llenas de tormentas eléctricas, eligiendo una escalofriante muerte.

Oleg estaba inclinado hacia la pantalla, pensativo, tratando de entender aquel proceder estúpido. No podría ya Backar vencer el poderoso campo gravitatorio de Júpiter. Había sobrepasado el punto sin retorno. ¡Qué tontería! Jiu Jing sonreía satisfecho. Aquel idiota se había matado, ya podían volver. Y el capitán Guiev apretaba las manos contra la mesa, posiblemente angustiado sobre cómo le pagarían, ya que el imbécil se suicidaba, en vez de entregarse.

Pero Hull sentía la insistencia de su cerebro sobre algo insólito que estaba sucediendo. Dirigió su mirada asustada en todas direcciones hasta que de pronto comprendió. Había problemas con Júpiter. Miró a los demás para ver si alguno se daba cuenta pero todos parecían consternados por el suicidio de Backar. También ella veía como la navecita poco a poco se acercaba a las poderosas nubes para desaparecer por siempre dentro de ellas. Pero no era esto motivo de preocupación. Para nada.

Podría suceder que no le creyeran. ¿A quién era mejor dirigirse? Solo a uno. Se acercó a Oleg y lo tocó ligeramente:

- Quisiera hablar con usted… a solas…

Oleg, asombrado, se volvió:

- ¿Ahora, conmigo?

- Es importante… y necesario que sea ahora… Tengo una solución para que nadie de nosotros salga perjudicado.

Oleg le dio un último vistazo a la pantalla, imaginado qué pensaría aquel individuo frente al coloso que se lo tragaría en solo minutos. El que una vez fue la persona más poderosa de Marte, era ahora la más infeliz frente a Júpiter. Así cambiaban las cosas en el Sistema Solar. La estrella fracasada, que posiblemente jamás entró en sus planes asesinar a un humano, eliminaría dentro de pocos momentos a uno de los más famosos.

Torciendo la boca por tan insólitos pensamientos, miró a Hull, analizándola. Sus ojos denotaban preocupación, como cuando alguien descubre que le queda poco de vida. Esto lo intrigó. El que se moría era Backar, no ellos.

- ¿Qué sucede, pequeña? Estás asustada. ¿De qué quieres hablar? – Se volvió a los demás – Por favor, no tomen ninguna decisión. Todo esto es muy… extraño, enseguida volvemos.

Y se dirigió con Hull a la sala de reuniones. Era este un pequeño reciento de casi cinco metros por doce, donde los miembros de la tripulación podían aislarse sin ser grabados por el cerebro de la nave. Estaba para mayor comodidad ubicado al mismo nivel que las cápsulas gravitatorias. Esto permitía que los que estuvieran dentro sintieran los efectos de la gravedad artificial.

Todos los ojos siguieron a los dos que salían. Al frente de ellos un suicida y detrás una chica que al aparecer perdió la cordura al presenciar aquel espectáculo. Era raro, muy raro que alguien de la tripulación quisiera hablar a solas con otro, sobre todo en aquel caso donde solo había cuatro humanos pues los demás tripulantes eran robots.

Hull entró e inmediatamente se sentó. Esperó a que Oleg hiciera lo mismo. La puerta oval silenciosamente bajó tras ellos. Luego ambos se miraron. El investigador tenía el lacio cabello rojizo medio metido entre sus ojos. Ella, con su pelo negrísimo, lo llevaba más corto que el de él. Típica marciana, musitó el cerebro de Oleg para sus adentros. ¿Qué querrá?

- ¿No le parece raro que ese tipo se suicide? – directo al asunto Hull atacó.

- Cierto, precisamente estoy pensando cuál es la causa. Pero para decirme eso no era necesario venir hasta aquí.

- ¿Sabe usted astronomía?

- Obvio. Nadie viaja por el espacio sin saber lo básico. Y yo sé mucho más que eso.

- Entonces debe saber que las lunas más grandes de Júpiter no pueden estar todas al otro lado… en este momento. No pueden – Y recalcó estas palabras, diciéndolas bien despacio. – Debería suceder dos días más tarde. No hoy.

Oleg la miró entrecerrando los ojos. Ella quería decir mucho más de lo que estaba diciendo. Trató de entenderla, hasta que de golpe comprendió:

- ¿Tú crees…?

Hull movió lentamente la cabeza, afirmando.

- Podemos comprobarlo. Una máquina de Turing imita a otra, pero no puede imitar a todo el Universo. Y nuestros cerebros tampoco pueden ser imitados en su totalidad.

El detective estaba pasmado. Aquella era la única posibilidad, pero tan asombrosa que jamás pensó le sucedería. Había leído sobre casos, estaba advertido, pero que a él le trataran de esa manera, con un truco tan banal… Era... una burla inaudita. Aún así, no podía estar seguro de haberse dado cuenta por sí mismo si aquella muchacha no se lo hubiera dicho. Alzó la cabeza mirando a su alrededor. Todo era real, hasta los más mínimos detalles. Solo los satélites no estaban donde deberían… Siempre había un detalle, pues de lo contrario no tendría sentido hacer un Turing. Pero la genialidad de un investigador de casos espaciales debería ser encontrar el detalle de la falsificación y fue la chica quien lo encontró. Volvió la vista hacia ella.

- ¿Y por qué las lunas?

- Creo que si todas estuviesen aquí existiría la sospecha de que se escabulló en una de ellas. Con todas al otro lado era seguro que murió dentro de Júpiter.

Oleg observó detenidamente a la muchacha. Era brillante… si tenía razón.

- Tengo un experimento. Puede funcionar. Espera aquí.

Ella asintió.

Salió y en pocos minutos regresó. Traía dos triángulos rectángulos de plástico y un cono doble. Con ellos formó un plano inclinado de unos treinta grados, de tal manera que en su parte baja la separación entre ellos fuera pequeña y en su parte alta grande. Seguidamente colocó encima el doble cono, más cerca de la parte inferior, sin soltarlo.

- ¿Crees que suba o que baje? ¿Lo conoces?

Ella sonrió.

- Sé lo que debe ocurrir. De todos modos la mejor prueba no es esta, sino las lunas Pero veamos que dice la simulación de Turing.

Entonces Oleg soltó el cono. Este quedó unos instantes sin saber hacia dónde dirigirse. Un poco hacia abajo, otro poco hacia arriba, hasta que de pronto se movió hacia abajo.

Asombrado, lo volvió a colocar en el lugar anterior y el cono volvió nuevamente a moverse hacia abajo.

Miró a Hull. Esta sonreía satisfecha. Tenía razón la chiquilla.

- ¿Otra prueba? Únicamente cuántica, supongo.

El detective se paso la mano por la cabeza, echándose el pelo hacia atrás.

- Bueno, uno de ellos debe ser el culpable. O Jiu Jing o el capitán. Yo me quedaría con el capitán. La teoría podría ser esta. Backar de algún modo contactó con él, le ofreció una buena tajada de sus millones por la simulación, mucho más de lo que ganaría en todos sus años de servicio y el tipo se arriesgó. ¿Qué opinas? Jiu Jing no gana nada, al menos a primera vista. La simulación comenzó, obvio, en el momento que entramos en sueño, a comienzos del viaje.

Hull no respondió. Tenía lógica. Pero el punto aún no era ese, sino cómo regresar. El detective comprendió su mirada, asintiendo:

- Según veo, tenemos dos posibilidades. O hacernos los que nada sucede y esperar hasta el final, o desembarazarnos de los robots y presionar al capitán, en caso de que sea él culpable. Me quedo con la primera. Luchar con los robots no será nada fácil, ni convencerlo que los desactive tampoco.

Hull no respondió inmediatamente. Solo después de varios minutos pensando, se mordió los labios y sentenció:

- Rebáteme esto. Backar planeó su escape antes de huir, pues inteligencia no le falta. Vayamos por pasos, siguiendo su mismo esquema de pensamiento. Si escapaba de Marte sería perseguido por la CBCE. Entonces comenzó a buscar contactos dentro. Allí alguien cedió bajo el peso de algunos millones, el capitán Guiev. Se pusieron de acuerdo y la huida quedó para cuando estuviera de guardia. Saldría de Marte y se dirigiría a Júpiter. Es el único planeta lo suficientemente lejano y a la vez cercano que se ajustaba a su genial plan. Inmediatamente una nave de la CBCE lo perseguiría, pero como por esa fecha estaba de guardia Guiev, este sería el capitán de la nave perseguidora. La nave es del tipo CH67, capacidad para cuatro tripulantes, un módulo de gravedad artificial con radio de rotación de casi veinte metros a punto siete en velocidad angular. Esto simula la gravedad terrestre perfectamente pero es imposible hacerlo para toda la nave. Si el viaje es de menos de doce días no es necesario el uso de los módulos gravitatorios, pero un viaje de mayor duración implicaría la necesidad de dormir en ellos. Backar necesitaba un viaje largo para en el sueño meter la simulación. Calculó entonces fácilmente lo que sigue. La velocidad media en este modelo alcanza los cincuenta kilómetros por segundo, permitiendo un viaje con duración máxima de casualmente doce días en el punto más cercano de ambos planetas. No era conveniente. Pacientemente esperó hasta que el viaje fuera de quince a dieciocho días y mientras posiblemente hizo un seguro de muerte en el gigante gaseoso por toda su fortuna. Esto haría más creíble el por qué escapaba a Júpiter y a la vez le permitiría recoger el dinero al regresar de “su muerte”. Entonces escapó, dejando la simulación a cargo de Guiev lista para cuando fuese designado a perseguirlo. Nada más nosotros comenzar a planificar el viaje, nos daríamos cuenta que tendríamos que dormir en el módulo de gravitación, dejándole a los robots la conducción de la nave y la misión de despertarnos si encontramos antes a Backar Así, la tripulación de policías sería sometida al sueño espacial, mal llamado criogénesis, donde podemos sentir los efectos de la gravedad por rotación, pero no lo soportaríamos despiertos. En este momento se pondría en acción la máquina de Turing con una excelente simulación en nuestros cerebros. En ella despertábamos y veíamos cómo Backar increíblemente caía sobre Júpiter. Luego vendría el regreso, no quedaba otra. Volvíamos a dormir y despertábamos en Marte informando de la noticia. La realidad era que en el espacio, en algún punto, Backar era recogido por la nave, por eso debe ser culpable el capitán. Al llegar a Marte, luego del recibimiento, todos los medios de información sabrían sobre el espectacular suicidio del famoso millonario. Uno o dos días más tarde saldría de la nave ayudado por Guiev. Y todos quedaban limpios, incluyendo al propio Jui Jing, pues el preso al final murió. Después vendría la compra de un cuerpo genéticamente disponible, el cambio de cerebro o pensamientos almacenados, como gustara más Backar y una vida nueva para él. Asunto terminado. ¿Qué opinas?

Oleg la miró sabiamente:

- Es tan perfecto lo que me dices que parece fuiste tú quien lo planeó. No veo huecos ni defectos. Tampoco veo cómo culpar a Jui Jing. Solo queda el capitán. Él es el único que puede haber colocado la simulación, recoja a Backar en el espacio, cosa que debe ya haber hecho en estos momentos o estará haciendo y lo saque finalmente de esta nave luego que todo se tranquilice al regreso. También es el único que puede falsear la nave en cuanto a la distancia recorrida y en cuanto a lo que se le antoje. Con un buen programa cibernético y algunos millones de respaldo se puede cambiar la información en cualquier Cerebro Espacial de cualquier nave, incluyendo la de una empresa privada como es la CBCE, con todo el prestigio que tiene.

Se pasó un dedo por la boca, síntoma que ya tenía la decisión futura que haría:

- Haremos lo siguiente. Todo quedará igual. Regresamos y decimos que tu idea no me ha convencido. Le seguimos el juego, nos dormimos para el regreso y en Marte informamos a todo el mundo lo que se desea escuchar. La nave no podemos confiscarla sin orden especial por lo que tenemos que vigilarla estrechamente. Podría contactar con la Tierra y pedir un permiso especial de revisión, pero cuando hay millones por el medio no confío en nadie. Tampoco podemos probar la simulación que nos han hecho sin pruebas o revisión exhaustiva de la grabación en la nave, cosa que podemos hacer pero solo después de largo papeleo. Tenemos que capturar a Backar y Guiev con las manos en la masa. Así, lo haremos a la antigua. Esperaremos que ambos salgan del domo de CBCE. Esto lo conseguiremos vigilando a Guiev. Y antes de que llegue a su casa en el transportador universal, interceptamos a los dos. No creo que ni tan siquiera estén armados. Backar se basa en la inteligencia, no en la fuerza. De ahí vamos directamente a los medios de comunicación, por ejemplo a Comunicación Internacional Planetaria. Nos recibirán con semejante notición de manera espectacular, pero es bueno salir rápido de Marte. Backar es un héroe ahí. Luego que en menos de veinticinco minutos hasta en la Tierra se sepa, hacemos las acusaciones formales. De todo el plan el único punto débil será capturar a Backar y Guiev juntos. Esto solo lo lograremos si hacemos que confíen en que nada pasa. Lo han planeado muy bien y tienen todas las de ganar con la tecnología y el burocratismo de su parte. Pero nosotros contamos con la inteligencia y la paciencia. Creo que lo haremos. Si escapan de la CBCE sin verlos, jamás podremos ni capturar a Backar nuevamente ni probar culpa a Guiev.

Hull respiró profundo:

- Estoy de acuerdo. Es la única posibilidad.

Se levantaron y salieron de la habitación. Un instante antes de atravesar la puerta. Oleg se detuvo, tocó su borde y comentó:

- Es increíble cuantos detalles… Parece todo tan real…

Y salieron de regreso a la sala principal, flotando por todo el pasillo.

Allí el capitán y Jui Jing estaban en silencio, cada uno rumiando sus propios pensamientos. El primero simulaba estar de pie, aunque por la ausencia de gravedad se veía algo ridículo. Parecía preocupado y miró suspicazmente a los recién llegados. El segundo estaba amarrado a la silla giratoria fija del “piso”. Su cargo no le permitía adquirir posturas inapropiadas. Al ver entrar a Hull y Oleg, como hablando consigo mismo, comentó:

- Todo se ha grabado así que no habrá problemas en mostrar lo ocurrido...

Guiev, sin cambiar la vista sobre ellos, lo apoyó ligeramente:

- Claro, todo está grabado.

Oleg entonces tomó asiento al lado de Jiu Jing.

- La chica tiene una idea, algo descabellada. Dice que es posible que otra nave esté cerca, y que mientras Backar se desprende hacia Júpiter, será rescatado con un cable fuera del punto de no retorno. Claro, solo a él. Revisemos si antes de caer la nave envió algo hacia atrás. ¿Hay información sobre esto?

Guiev sonrió ligeramente.

- Esto no puede ocurrir. La nave de Backar es de exploración y aunque tiene cables y potencia suficientes para hacer ese tipo de espectacular maniobra, hubiera quedado registrado en el Cerebro Central, cosa que no ha sido así. Estamos en una nave profesional, que constantemente supervisa la nave perseguida y todo lo que sale y entra a ella queda grabado. No hay registro de ningún envío externo. Tampoco hay constancia de nave que haya salido de Marte con las características necesarias para que se encuentre ahora en las cercanías de Júpiter ni nuestro poderoso radar detecta presencia alguna.

Oleg miró pensativamente la pantalla, donde solo se podía ver ahora al gigantesco planeta:

- Entonces… no queda otra… murió el famoso Backar. Es raro que haya elegido semejante muerte, bien raro. Salir de Marte para hundirse en Júpiter… demasiado lejos para morir... pero no veo otra salida.

Jiu Jing lo miró fijamente;

- ¿Tienes otra teoría? Está claro que su muerte es algo insólito pero… es un hecho. Recuerdo una vez me dijo que prefería morir antes de pasar toda su vida en Goliat. Puede que pensara otra cosa pero le salió mal.

Oleg estaba pensativo. Se pasó la mano por el pelo, echándoselo hacia atrás:

- Lo bueno sería, para que el caso quedara cerrado, entender las causas por las cuales se estrelló contra Júpiter… Revisaremos nuevamente su vida anterior a ver qué encontramos.

Guiev lo apoyó:

- Claro, algo debe haber que indique este extraño proceder. Ahora creo que lo mejor para todos es de nuevo dormir. En pocos días estaremos de regreso y cuanto antes lo hagamos mejor. Ansío llegar nuevamente a mi precioso domo marciano.

-Yo voy al sueño inmediatamente. Estar flotando todo el tiempo me da náuseas... creo – comentó Jiu Jing, levantándose – Dejémosle el trabajo a los robots. Si algo interesante encuentran, que nos despierten nuevamente. Adiós amigos, nos vemos en Marte.

Y desapareció de la habitación.

- Yo igual me voy. Me duele la cabeza de tanto pensar – dijo Oleg, levantándose también.

Pasó por el lado de Hull y comentó en voz baja, pero lo suficiente como para que Guiev escuchara:

- Tu teoría, niña, no funcionó. Así pasa a veces. Otra vez será. No hay naves cercanas. Nos vemos en Marte. Un gusto – Y le tendió la mano

Hull se la estrechó:

- Nos vemos en Marte – musitó apenas.

Guiev esperó que todos hubieran desaparecido de la sala central. Contempló entonces pensativamente la pantalla con el inmenso Júpiter delante y murmuró:

- Hoy has hecho una excelente labor, fracasada estrella. Gracias a ti seré millonario. Pero te prometo que colocaré una foto tuya así de grande en mi nuevo e inmenso domo.

Y se volvió a los robots, programándolos para el regreso. Hecho esto se dirigió a su cápsula para dormir todo el regreso. Aquel sería su último viaje y todo debía quedar grabado de manera perfecta.

Dieciocho días más tarde entraron en órbita con la Estación Espacial de la CBCE. La nave quedó allí para revisión así como su capitán para presentar el informe detallado. Los otros tres se dirigieron a los ascensores marcianos, los cuales, a pesar de su nombre, les servirían para descender hasta Marte. Oleg los revisó con cuidado tratando de encontrar defectos con respecto a los de la Tierra pero estaban perfectamente equipados, desde sistemas de respiración en la troposfera marciana hasta una pequeña lanzadera por si era necesario un amarizaje forzoso. Mirándolos entretenido, apenas se dio cuenta de que en menos de cuarenta minutos entraban al domo de la cárcel Goliat, en el Polo Norte.

Jiu Jing inmediatamente se transformó, tratándolos como a sus subordinados Esto los obligó a marcharse casi de inmediato, cosa que el altanero Jefe de Goliat les facilitó enseguida. Era evidente que el asunto de Backar estaba terminado.

Apenas treinta y cinco minutos en la cárcel y ya salían dirigiéndose hacia Marciana, el principal y más poblado domo de Marte en un ligero pero confortable avión globo.

- ¿Y para qué, entonces, amarizamos aquí? Este idiota no nos ha ayudado en nada – agriamente preguntó Hull, terriblemente molesta por el trato de Jiu Jing hacia ellos.

- Tómalo con calma. Backar se quedó allá arriba. Pediré un permiso a la Tierra por si los de la CBCE lo capturan sin querer al revisar la nave y así quedamos limpios. Al llegar averiguamos dónde está el domo de Guiev y ahí los esperaremos.

Tres horas más tarde, luego de un agotador aunque vistoso viaje por las rojas dunas marcianas, entraron en Marciana. Era una elegante construcción de forma circular con un domo central y doce más a su alrededor, comunicados a través de poderosos pasadizos con forma oval. Se encontraba casi completamente hundida en la superficie marciana, aunque en muchos lugares fuertes paredes enfrentaban diariamente los huracanados vientos, produciendo, gracias a la inventiva del ahora renegado Backar, la energía eléctrica necesaria para la ciudad.

Bajaron en la estación Aérea Principal, donde multitud de periodistas, tanto humanos como humanoides, los esperaban. Conociendo lo quisquillosos que eran los marcianos con los robots, Oleg trató siempre de responder primero las preguntas que le formulaban los cerebros biocibernéticos. Rodeado por humanos y máquinas explicaba:

- Es increíble pero Backar encontró una inaudita muerte… Si, así fue. Todo está grabado y lo ofreceremos a ustedes nada más se apruebe. A más tardar mañana en la tarde.

Una bella robot lo increpó, posiblemente viendo la incapacidad del terrestre de quitarse de arriba a sus iguales:

- Sería este el primer caso de alguien que se le escapa, señor Oleg… ¿Cómo tilda esto, de fracaso o éxito? Algunos han quedado contentos con el resultado…

Oleg sonrió con sus blanquísimos dientes:

- Mañana, amigos, ustedes mismos decidirán.

Tendría veinticuatro horas de ventaja. Era la duración del día marciano, casi igual al terrestre.

Hull lo contemplaba alejada. Estaba sentada debajo de una pequeña cúpula que imitaba una flor. A su lado frondosos cedros terrestres, protegidos por el domo de la inclemencia climática marciana, comenzaban una nueva era en el suelo extraterrestre, en un intento por llenar de oxígeno al planeta.

El olor característico de estos árboles se esparcía por el aire y ella lo aspiró, suavemente. Era uno de sus lugares favoritos en la ciudad: La Avenida de los Cedros. Inusitadamente, estaba nerviosa por el resultado de aquella investigación. Realmente no existían pruebas de que todo hubiera sido una simulación hasta que Backar no fuera capturado y Guiev confesara. Quería comprobar su teoría. Por eso deseaba que el asunto de los periodistas pasara para averiguar por fin donde estaba el domo de Guiev. Pudieran estar perdiendo un tiempo precioso aunque Oleg le había asegurado que hasta que todo no se calmara el millonario no saldría de su escondite.

Luego de casi media angustiosa hora, el terrestre comenzó a salir de la prensa. A duras penas los dejó especulando y se le acercó:

- Bueno, ya está todo listo. Nuestro amigo Guiev te aseguro contempló enteramente el recibimiento desde allá arriba. Ahora, encontremos su domo y pacientemente lo esperaremos. Pero por si acaso, iremos directamente a comunicarnos con la Tierra pidiendo mi regreso. Esto lo hará confiarse aún más.

En un pequeño transportador magnético se dirigieron velozmente hacia la Oficina Central de Comunicación con la Tierra. Allí entraron y ante la irónica mirada de los marcianos que observaban el primer fracaso del famoso terrestre precisamente con un marciano, caminaron hasta la Oficina de Transmisión General.

Oleg se acercó a uno de los transmisores, colocó su mano encima de la huella dactilar e inmediatamente recibió un pequeño transmisor marciano. Salieron rápido de allí, seguidos por las burlonas miradas de los empleados y visitantes. El detective estaba pagando caro su bien merecida fama. Todos los marcianos estaban orgullosos del fiasco con uno de los suyos. Había preferido hundirse en Júpiter que ser capturado por un terrestre.

- Marte solo tiene menos de cincuenta años poblado y ya se sienten diferentes a nosotros. Es increíble cómo podemos tener problemas entre nosotros por el único hecho de vivir en lugares diferentes. Supuestamente todos somos humanos, pero no es así. Ahora ellos son marcianos y yo terrestre. Y defienden a un delincuente marciano. No entiendo como tú no eres como ellos… - comentó algo ofuscado Oleg

- No soy una estúpida nacionalista, regionalista o planetalista, como quieras llamarle. Mi mente va mucho más allá. No me subestimes- le increpó.

Se dirigieron al domo asignado al terrestre. Marte aún dependía de la Tierra y cuando ésta daba una orden, era cumplida a rajatabla, aún cuando los pobladores del planeta empezaban a tener animadversión hacia los extranjeros del mundo azul.

El apartamento se hallaba en un lujoso hotel de casi cincuenta pisos, alto y delgado aprovechando la poca gravedad, solo un tercio de la terrestre. A partir del piso veinte sobresalía del domo general, cerrado y ajustado al inhóspito clima externo. La reparación casi constante de sus paredes externas se compensaba completamente con la energía eléctrica producida por la tecnología Backar. Durante años el rojo planeta no había producido a nadie de talento y el millonario fugitivo era el marciano más popular del momento, aún cuando fuese buscado por asesinato en todo el sistema planetario.

"Hum falta el final pero no todo es gratis, desgraciadamente amigos."

Un abrazo

Rene

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