El sujeto estaba sentado con los brazos encima de la mesa y la cabeza entre ellos. No había más nadie allí. A través de un cristal semitransparente dos detectives lo contemplaban. La observación poco a poco comenzó a convertirse en algo inútil, pues el hombre no se movía. Por fin uno de ellos decidió actuar. Estaban perdiendo tiempo y el interrogatorio debía comenzar.
Romier entró, observándolo cuidadosamente. Era extraño. No tenía pinta de asesino con aquella bata de investigador científico y su cuerpo tan endeble. Movió la silla al sentarse como para darle a entender que alguien había llegado pero ni así mostró deseos de levantar su cabeza o de sentir presencia humana a su alrededor.
Entonces lo pateó por debajo de la mesa. Esto tuvo el efecto deseado, logrando que levantara su rostro hacia él, pero no la cabeza, que continuó sobre la mesa.
- ¿La declaración? – Esto lo pronunció mordiéndose ligeramente los labios – Así es. Yo lo maté. Déjeme tranquilo. Soy su asesino, condénenme, ¿qué más?
Romier se echó hacia atrás. Algo positivo al menos. Era el comienzo.
- Entonces, ¿reconoce que usted cometió el asesinato?
- Lo reconozco.
- Ahora falta el motivo. ¿Por qué lo hizo?
- Usted no entendería. No… no entendería.
- Póngame a prueba. Explíqueme. – Romier encendió la grabadora esperando la confesión. Ya era hora de que aquel individuo explicara su extraño comportamiento.
Por vez primera el hombre levantó la cabeza de la mesa. Lo miró con ojos totalmente desesperanzados de comprensión, pero habló.
- Yo lo maté, ha sido solo un problema cuántico. Estoy en el mundo equivocado. Solo eso. No quería matarlo, ni lo hubiese hecho jamás., pero existió la probabilidad y alguien tenía que hacerlo. Ese fui yo.
Romier se echó hacia delante. ¿De qué hablaba aquel tipo? Esperaba una confesión y venía con galimatías.
- No entiendo. Quiero que me diga el móvil por el cual mató a su compañero. Usted llegó esta mañana al Centro de Investigaciones Cuánticas con semblante normal, saludó a todos y entró al laboratorio. Su compañero de investigación Ormás lo esperaba. Desde afuera los demás físicos escucharon que primero hablaban, luego discutían y seguidamente un grito. Luego de un silencio total por casi una hora, salió y les indicó que llamaran a la policía. Al llegar hemos comprobado que con un tubo de hierro le asestó un contundente golpe en la cabeza a su compañero, dejándolo muerto en el acto. Luego ha quedado en el silencio más absoluto hasta ahora. No es mi interés perder tiempo. Deseo que me indique por qué cometió ese asesinato. Nada más.
El físico, de aspecto endeble y para nada parecido a una persona capaz de romperle el cerebro a alguien con un tubo, comenzó su declaración:
- Hacía días que debatíamos el libre albedrío y la causalidad cuántica, el problema de la mente humana y su influencia en el mundo físico. También la teoría de los múltiples universos de Everett. Él confiaba en esta teoría. Yo creía que era falsa. En eso estaba centrado fundamentalmente nuestro trabajo. Y sucedió que tenía razón. La mejor prueba fue dejarme en este Universo dónde fui su propio asesino. Ormás siempre ha sido un tipo brillante. Debí hacerle caso y no discutir con él. Pero cuando algo se le mete en la cabeza, busca los métodos más brutales para demostrar que tiene razón. Esta vez me ha dejado como su asesino.
Romier comenzó a desesperarse. No entendía absolutamente nada lo que aquella persona explicaba. Lorentz, frente a él, lanzó un suspiro.
- Entienda, el motivo es que él deseaba probarme su teoría. Por eso provocó condiciones de posibilidades diferentes de cero para que sucediera el evento. Yo a su vez, deseaba mostrarle que no tenía sentido. ¿Sabía que una de las causas para el descubrimiento científico es la rivalidad entre colegas? A veces hacemos cosas increíbles por mostrarle a otro que tenemos razón. Y cuando esto se convierte en el centro de nuestras vidas nos hemos apartado del verdadero camino científico. Tantos tiempos juntos hizo que constantemente quisiéramos probarnos hasta las últimas consecuencias nuestras ideas.
Romier trató de buscar la idea central:
- ¿Lo mató porque él deseaba mostrar su teoría?
- No, él hizo que lo matara para mostrar su teoría. Eso es lo exacto.
- Pero no puede existir móvil de asesinato en la víctima, sino en el asesino. ¿Me está diciendo que él o indujo a matarlo? No tenía personalidad suicida, nadie le creerá eso.
- Usted no entiende, se lo dije desde el inicio. No busco justificaciones, no quiero atenuantes. Solo cuando se encuentra la verdad definitiva, uno comprende. A mí me basta con que me demostró que era cierta su teoría. Puede condenarme, puede matarme en este universo. No me interesa, existo en otro. Eso ha quedado demostrado por Ormás. Me lo ha probado.
Lo que estaba claro era que aquel tipo no estaba bien de la cabeza. Mejor le enviaba a Katie, la psicológa. Si estaba mintiendo ella lo descubriría. Haciéndose pasar por loco era inútil. El peso de la ley caería sobre él de todos modos.
- Está bien. Usted es el asesino y lo mató para que él pudiera probar su teoría… de asesinato, supongo.
Pero Lorentz no contestó. Se limitó a morderse los labios, resentido por semejante incomprensión.
- Solo quiero la muerte. Condénenme y mátenme lo antes posible. No soy de aquí, o mejor dicho, no quiero estar aquí.
Romier lo observó de nuevo cuidadosamente. No parecía loco pero… Se levantó.
- Hasta un rato, señor Lorentz.
Y se marchó. Fuera se encontró con la detective Bondy.
- ¿Qué opinas?
Su voz suave y acariciadora llegó delicadamente a sus oídos. Siempre le había gustado Bondy pero como era su compañera de trabajo… Esto le impedía comunicarse en otro ámbito que no fuese el estrictamente convencional.
- No sé. Pienso lo mismo que tú. Katie debe examinarlo.
Veinte minutos más tarde entraba Katie a la habitación. Por el cristal observaban de nuevo los detectives. Estaban interesados en ver qué sucedería. En aquel cuarto habían estado asesinos, estafadores, mentirosos, proxenetas, pedófilos, en fin, personas de todo tipo y de cualquier capa social, pero ninguno de ellos encajaba con aquel que se encontraba ahora dentro. Ninguno.
El individuo se encontraba con los brazos cruzados sobre la superficie de la mesa y la cara apoyada en ellos. Era la misma postura que había usado con los detectives. La psicológa, acostumbrada a los engaños de los delincuentes se quedó de pie, observándolo. Esperó pacientemente a que se diera cuenta de su llegada pero luego de varios minutos de inútil espera le dio una ligera patada a la silla y el hombre levantó la cabeza, como despertando. La observó detenidamente. Era de mediana estatura, rubia con el cabello ligeramente crespo, sobre todo en las puntas. Su cara, demasiado bonita para indicar mucha inteligencia, estaba dubitativa, recordando todo lo que le habían comentado los detectives sobre el caso. Nueve de diez, le susurró el subconsciente, tan bajo que ni cuenta se dio de la nota final que le había otorgado. Medio segundo después de terminar la inconsciente valoración sexual trató de precisar quién podría ser hasta que de golpe entendió:
- Esta es la parte más complicada de todas. Debería suceder rápido para salir de aquí cuanto antes. Usted es la psicóloga, supongo, la cual viene a probar que estoy mal de la cabeza. Escuche, ya esto me aburre, le explicaré en detalle cómo funcionan las cosas, me condenan y la pena de muerte. Odio estar en este Universo. Cuanto antes me largue mejor.
Katie no dijo nada pero acercó la silla hacia ella separándola de la mesa.
- Soy toda oídos. Explíqueme.
Lorentz la miró suspicazmente, pero decidió explicarle:
- Diré esto más bien para desahogarme. – Sus ojos se entrecerraron sin dejar de mirarla – Sería mucho pedirle que me crea. Posiblemente que me entienda. Todo comenzó con Everett.
- ¿Everett? ¿Quién es Everett?
- Le recordaré que soy físico. Cuando surge la mecánica cuántica, la física de los átomos, todo fue muy extraño y confuso. Anteriormente se pensaba que el mundo estaba regido por leyes, existía la causa y efecto de manera impecable. Un hecho ahora provocaba otro en el futuro de manera exacta. De eso estaba convencido Newton. Y nos enseñó a pensar así. Durante varios siglos esperamos un Universo regido de manera mecánica y segura. Y lo encontramos. La óptica ondulatoria, los planetas, las galaxias, las mareas, los meteoritos, el clima. Todo es posible explicarlo según el gran genio de Newton.
La psicóloga se echó ligeramente hacia atrás. Aquello era para largo, pero debía dejarlo hablar si deseaba enterarse de los pensamientos más recónditos en aquel cerebro.
El asesino continuó. Ahora ya no la miraba. Los temas que explicaba lo absorbían de tal modo que poco a poco dejó de mirarla, manteniendo su vista en algún punto en la superficie de la mesa.
- Pero los átomos no se dejaron incluir en las leyes archiconocidas y perfectas newtonianas. Ellos eran rebeldes y crearon sus propias leyes. Nosotros, cuerpos macroscópicos dirigidos por las leyes del macro mundo de Newton, descubrimos esas leyes liliputienses y no podíamos entenderlas. Y aún no podemos, luego de más de un siglo de usarlas. El problema radica en nosotros mismos, en nuestra mente. ¿Conoce algo de mecánica cuántica?
Ella le respondió negativamente con la cabeza. Realmente sabía algo pero mejor que él explicara. Regla primera, no interrumpas a un paciente.
- Le pondré un breve ejemplo. Imagine que tiene que observar un automóvil. Este puede ser azul o verde, tener tres metros o cuatro. Usted lo mide con mucho cuidado y obtiene un grupo de valores. Entonces usando el mismo aparato de medida otra persona viene y lo mide. Resulta lógico que coincidan las medidas. Es el mismo aparato de medida y el mismo automóvil, suponiendo que esa persona puede medir con la misma exactitud que usted. De ahí se deduce que el automóvil es real. Es medible por cualquier persona que desee hacerlo y llegará a las mismas conclusiones. ¿Ha entendido?
La psicóloga asintió ligeramente.
- Lo anterior es la base de la ciencia. Lo real es lo que cualquier persona puede observar y medir, coincidiendo su medida con las de otras personas. Esto lo puede realizar en el momento o lugar del espacio que desee. Por eso no puede probarse que Dios existe. Nadie puede repetir una experiencia mística o medirla todas las veces que desee. Pero suponga de pronto que encuentra un mundo en el que cada medición del mismo objeto le ofrece un resultado diferente. Suponga que mide la velocidad de un electrón y le da un valor. Yo la mido y me da otro valor. Es algo raro pero aún puede suponerse que varió su velocidad. Suponga ahora que desea aplicarle la teoría de Newton para predecir la velocidad futura de la partícula. Entonces obtiene error tras error. La teoría clásica no permite la descripción del átomo. Ah, pero somos inteligentes. Alguien encontró una ecuación que pudo por fin meter a los electrones en cintura y describía perfectamente su comportamiento futuro. Solo que de pronto se descubre que no solo cada persona encontrará un valor de, digamos, velocidad en el electrón, sino que además, ¡antes de medirlo tiene infinitos valores de velocidad!
Suspiró, mirándola por un instante.
- Creo que es demasiado lo que le cuento. Pero seguiré. Usted me lo ha pedido. Al final entenderá, algo, pero entenderá. El punto fundamental es que la teoría cuántica permite distintos valores en la medición de los mismos objetos. En el micro mundo un automóvil puede ser a la vez verde o azul depende de quien lo mire. Viene seguidamente la pregunta ¿Es real o no el color? Si depende de quién lo mire ¿Dónde queda el sentido de realidad? Un electrón puede tener velocidad A o velocidad B, en dependencia de si yo lo mido o lo mide usted. Entonces podemos cambiar. ¿Qué velocidad tenía antes de medirlo? Esto no lo responde la teoría. Aquí hace silencio la maldita. En síntesis, el electrón puede hacer lo que quiera antes de medirlo, incluso incumplir con la ley de conservación de la energía… ¡pero no puedo medirlo, no puedo sorprenderlo en el momento que lo hace!
Indudablemente aquella persona estaba loca. ¿Hablaba de las partículas elementales, específicamente de los electrones como si estuviesen con vida y aún más, con vida inteligente? Katie no movió un músculo, aunque ya estaba impaciente por saber a dónde llevaría toda aquella perorata.
- Y fue incomprensible durante mucho tiempo este tipo de actitud cuántica. Hasta que llegó Everett. Él propuso lo siguiente. Cada proceso de medición provoca un nuevo universo. Si usted decide ahora levantarse formará un universo en el cual se ha levantado, con las consecuencias propias de ese acto. Pero habrá otro universo en el cual usted se quedó sentada, escuchando hasta el final todo lo que le he dicho.
Entonces se inclinó despacio por la mesa hacia ella.
- Estoy en el universo en el cual he asesinado. Mi otro yo se encuentra tranquilamente en su casa sin haber cometido asesinato, en otro universo. Eso era lo que queríamos demostrar Ormás y yo.
Era el fin de la explicación. Si había entendido bien, sucedía que existían dos universos, uno en el que Lorentz era asesino y otro en el que no lo era. Al menos así lo creía él.
Katie se inclinó también hacia Lorentz:
- Se supone, entonces, ¿que no debe ser condenado, pues usted tuvo la mala suerte de cometer este asesinato?
- No me ha entendido del todo. Siempre existirá un universo en el que usted es la perdedora. Yo soy el perdedor en este. Aquí usted es psicóloga pero puede que en otro la decisión de serlo no se produjo y ahora es una vendedora ambulante o se ha suicidado. Pero le aseguro que hay algún universo en el que incluso usted no está en este momento. Pudo haber tenido algún accidente, puede que alguien la haya matado, en dependencia de las posibilidades que anteriormente ha tenido. Cuando una posibilidad puede cumplirse y no lo hace, realmente si se ha cumplido, todas las posibles, solo que usted ha quedado en alguna de ellas.
Por vez primera la cara de Katie comenzó a desencajarse.
- Explique eso de nuevo – Recordó el accidente de tránsito del año anterior, donde solo por casualidad un inmenso camión la hubiera aplastado dentro de su auto, pero tuvo suerte y solo sufrió rasguños leves.
El físico se animó al ver una nebulosa expresión de comprensión en la bonita cara de la rubia:
- Le explico mejor. El mundo cuántico nos ha enseñado a esperar no un resultado único, sino un conjunto de posibilidades, todas ellas igualmente reales. Esto implica que pudieran existir diversos universos, creándose de las distintas posibilidades de un fenómeno dado. Por eso una persona tiene suerte y otra no. La que tiene suerte es que aquí en este universo ha sido fortuito lo que ha obtenido pero en otro ha fallado y al revés, la persona que aquí no tiene suerte en otro la ha tenido. En un universo puedes ser psicóloga y en otro profesor de escuela. En uno de ellos has sobrevivido a un infarto y en otro no. En uno de ellos tus amigos murieron primero y en otro ellos te han visto morir a ti. También en uno de ellos yo maté a Ormás y en otro no he cometido ningún asesinato. Desgraciadamente estoy en el universo equivocado, por eso quiero salir lo antes posible de aquí. Quiero que me maten, por favor. Mi otro yo…
- Espere, debo salir un momento, necesito aire fresco.
La psicóloga jamás había pensado en una probabilidad semejante. O aquel individuo estaba completamente loco o estaba demasiado cuerdo.
Afuera miró a los detectives. Ellos lo habían escuchado todo.
- ¿Que opinan?
Bondy contestó:
- Es escalofriante… lo que dice.
Romier también agregó su parte:
- Si eso es cierto… es increíble.
- Claro, pero igual debe ser condenado. Es su problema estar en este… universo. – Sentenció la psicóloga.
- Está claro, pero él mismo no niega que lo condenemos. No obstante, puede estar loco. Deberíamos confirmar de algún modo lo que dice. De todas maneras algo pasó entre ellos dos y mató a Ormás. – Romier quería llegar al fondo del asunto. – Entraré de nuevo. Quizás algo nuevo diga, ahora que está más comunicativo.
Romier entró:
- Hemos escuchado lo que ha dicho a Katie. Es interesante esa teoría pero, ¿exactamente por qué cometió el asesinato? ¿No le parece que ha exagerado? Pudiera quedarse en este universo sin haber matado a nadie.
- Es que deseábamos probar la teoría. Para hacerlo necesitábamos de un proceso regido completamente por el mundo cuántico pero a la vez que se produjera en nuestro mundo clásico. Eso puede suceder solamente con los procesos mentales. La mente no existe en nuestro universo. No puede ser medida, encapsulada. No puedo probar que usted tiene mente sino es por el hecho de que yo tengo una y como usted se comporta de manera similar a mí, deduzco que posee la misma sensación de consciencia de existencia. Es holística, no reducible a procesos que la forman.
- Hum, holística ¿qué significa eso?
- Algo holístico es que no puede descomponerse en partes. La mente no puede reducirse a grupos de átomos ni a reacciones químicas. Una colonia de hormigas se comporta como un gigantesco organismo. Cada una hace algo que ayuda a la formación de todo el sistema, pero no es reducible al estudio de las hormigas por separado. Una fotografía está formada por un conjunto de puntos de cerca, pero de lejos es una imagen. El concepto imagen no puede ser reducido a un conjunto de puntos. Una computadora…
- Ya entendí. Ahora, ¿qué tiene que ver la mente con el asesinato?
- Mucho. Cuando tiras los dados no se forman universos pues las probabilidades de que caiga un seis o un ocho existen solo para nosotros pero realmente las vueltas del dado dependen del ángulo de choque y su masa. Están determinadas aunque no las conozcamos. Pero no sucede lo mismo en cuanto a las decisiones de la mente. No es predecible pues no es reducible. Es holística.
Y vuelve con la palabrita – pensó Romier.
- Esto implica que si ahora lo ahorco o no lo hago depende de un proceso casual no predecible en nuestro mundo real y si las condiciones pueden existir, entonces en algún universo yo lo he matado o usted defendiéndose me lo ha hecho a mí.
Romier se quedó pensando.
- ¿Quiere decir que pudiéramos probar ahora mismo su teoría?
- Ya la he probado con Ormás.
- A ver, intente matarme ahora y le probaré que no puede.
La cara de Lorentz se puso pálida:
- Detective, no juegue con las cosas que desconoce. Desde el momento en que la probabilidad mental surja y coincida con la situación real, este universo se desdoblará y quedará uno de sus yo en algún lado lamentándose de lo qué ha hecho.
- Máteme, ahora. – Y le tendió la pistola.
Afuera, Katie y Bondy se lanzaron a la habitación. Aquello se iba de las manos. Pero llegaron tarde. Al entrar un disparo de la pistola había alcanzado a Lorentz en el pecho. Romier, asombrado, murmuró:
- No puede ser, no tenía balas, justo en la mañana se las he quitado… ¿Cómo es posible que alguna…?
Lorentz tuvo aún tiempo de exclamar:
- Se lo dije, detective. Pero no se preocupe. En otro universo usted le ha quitado todas las balas a su pistola…
Y murió.
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